La última decisión
No quería hacerlo. Durante años, evitó esa maleta. No por olvido, sino por respeto. Porque en ella latía una vida pasada. Una historia que aún dolía. Pero después de siete años sabía que todo era distinto y que nada volvería a ser como entonces. El tiempo no había cerrado las heridas, pero sí había silenciado el eco de muchas voces. Aquel domingo de abril, sin pensarlo, tomó la decisión. Sacó la maleta del altillo del armario, la colocó en el suelo y la abrió. Se quedó mirando durante unos minutos. Era más que un bolso grande: era un cofre, una cápsula del tiempo, una maleta antigua cargada de recuerdos. Allí estaban los restos de una vida intensa, de noches interminables, de escenarios y camerinos. Perfumes que aún conservaban su esencia, zapatos con las suelas gastadas de tanto bailar, paquetes de cigarrillos medio vacíos, ropa extravagante, maquillaje, peines, laca, cremas, toallitas, espejos, peinetas. Y entre todo eso, las pelucas. Pelucas brillantes, en colores imposibles, c...