Lo que duró una semana (Sonia)
Nunca pensé que aquel verano acabaría regresando a mí tantos años después. Yo, Sonia, vivía entonces en Getxo, en un piso pequeño lleno de fotografías y recuerdos que había ido acumulando sin darme cuenta. Trabajaba, salía con mis amigas, y la vida tenía ese ritmo cómodo de lo que parece estable, de aquello que no creemos que vaya a cambiar. Hasta que cambió. Aquella noche salimos por Deusto, como tantas otras. Los bares estaban llenos, hacía calor, y caminábamos riendo, sin prisa, sin un destino claro. En uno de aquellos locales —creo que era el Zoroak— me lo presentaron. Venía con su primo. Recuerdo haber pensado que tenía una sonrisa tranquila, de esas que no invaden, que no reclaman nada. Hablamos poco al principio, apenas unas frases, pero suficientes para dejar una sensación leve, como un hilo que empieza a tirar de otro hilo sin hacer ruido. —¿Eres de aquí? —me preguntó en un momento dado. —Sí… de Getxo. Bueno, de muchas partes, pero ahora de Getxo —respondí, sonriendo sin sa...