Padre, hijo y viceversa
Alex era un chico de 25 años que estaba con contratos temporales habitualmente. Saltaba de un trabajo a otro, sin rumbo fijo. Tenía una peña de amigos de la misma edad, con los que contactaba habitualmente, alguno de ellos en peor situación laboral que él, por lo que en ocasiones se metían en temas de drogas. Le iban saliendo unos trabajos, e incluso le ofrecían alguno adicional en ocasiones aun cuando estaba empleado. Le venía por la cabeza sacarse el carnet de taxista, pues había hablado con un colega que le ofrecía trabajar por las noches, o incluso los fines de semana. Parecía interesante esa oferta, pues le describió que todo eran ventajas. Se decidió a obtener esa autorización y estuvo estudiando las calles de Valencia, con detalle, aunque ahora con las nuevas tecnologías no le veía mucho sentido, la solución la daba un aparato técnico. Alex no tenía novia, tuvo varias oportunidades, pero se fueron todas al poco tiempo de iniciarse, pues era incompatible...