Otros veranos
El sol caía a plomo sobre la tierra reseca, dibujando olas de calor que se elevaban del suelo. Antonio, con sus manos curtidas por el trabajo y la piel bronceada por el sol, observaba a su nieto Alberto, quien lo acompañaba en la faena de la cosecha. Era verano, y las vacaciones en el pueblo se traducían en días de trabajo duro en la finca, una tradición familiar que se transmitía de generación en generación. Alberto, un niño adolescente de apenas doce años, miraba con fascinación la destreza de su abuelo. Sus pequeños brazos se movían con energía, recogiendo los frutos maduros del árbol con una precisión envidiable. El aire estaba impregnado del aroma dulce de la fruta, una mezcla embriagadora que despertaba el apetito. "¡Venga, Alberto!", exclamó Antonio con una sonrisa pícara. "No te quedes ahí parado, ayúdame a llenar estas cestas." Alberto se apresuró a coger una cesta y se unió a su abuelo en la labor. Juntos, recorrieron los surcos de la finca, recogiendo con...