Cuando Bogotá me dio sueño
Salimos de Suba , ese territorio donde uno vive convencido de que está “todavía en Bogotá”… hasta que intenta cruzarla a las diez de la mañana. Final del verano. Ese calor bogotano raro, que no abrasa pero sofoca con una humedad silenciosa. El cielo gris claro, la ciudad vibrando, los buses compitiendo por centímetros y la fila interminable de carros avanzando como si alguien hubiese puesto el freno de mano colectivo. La cita médica era en un hospital del norte. A las 11:00. Y yo, por supuesto, estaba lista… desde hacía exactamente cuarenta segundos. Porque antes de salir hay que cumplir con el ritual sagrado: Dejar la cocina impecable. Alinear los cojines. Ventilar el cuarto. Revisar que el gas esté cerrado. Perfumar discretamente el ambiente. Perfumarme yo. Maquillarme con dignidad. Elegir ropa que diga “paciente responsable” y no “mujer derrotada por la fibromialgia”. Mientras tanto, Willian, desde la puerta: —Rebeca, el tráfico. Esa frase. No es una advertenci...