Padre, hijo y viceversa



 Alex era un chico de 25 años que estaba con contratos temporales habitualmente. Saltaba de un trabajo a otro, sin rumbo fijo.

Tenía una peña de amigos de la misma edad, con los que contactaba habitualmente, alguno de ellos en peor situación laboral que él, por lo que en ocasiones se metían en temas de drogas. Le iban saliendo unos trabajos, e incluso le ofrecían alguno adicional en ocasiones aun cuando estaba empleado.

 Le venía por la cabeza sacarse el carnet de taxista, pues había hablado con un colega que le ofrecía trabajar por las noches, o incluso los fines de semana. Parecía interesante esa oferta, pues le describió que todo eran ventajas. Se decidió a obtener esa autorización y estuvo estudiando las calles de Valencia, con detalle, aunque ahora con las nuevas tecnologías no le veía mucho sentido, la solución la daba un aparato técnico.

 

Alex no tenía novia, tuvo varias oportunidades, pero se fueron todas al poco tiempo de iniciarse, pues era incompatible con la estabilidad emocional. Cada año que pasaba veía lo importante que era estar libre como el viento, sin ataduras conyugales, un tema que no le preocupaba.

Se presentó al examen para taxista, sin ningún tipo de nerviosismo, pues ya le habían comentado que era muy sencillo y que habían , en su caso, más oportunidades.

La sala estaba llena, personal mayoritariamente masculino, después de haber ido llamando alfabéticamente a los candidatos a taxista. El tribunal estaba compuesto por personas mayores, que imponían respeto por su amplia experiencia, y por tener que evaluar los conocimientos de los aspirantes.

A los cinco días le dieron el resultado: la había superado, casi rozando el suspenso por el índice de errores en el test, pero ya estaba habilitado para otro trabajo más. Se le abría otra puerta en el mundo laboral. Un motivo más de satisfacción personal.

Desde hacía muchos años sus padres regentaban un bar en el municipio, un negocio para ir tirando, pero no para hacerse rico. A Alex no le atraía ese trabajo detrás de la barra, a pesar de que sus padres le habían dicho que debería seguir con el negocio iniciado por su padre. El no se veía el resto de su vida sirviendo cafés y bocadillos; era muy conocido el dicho de lo esclavo que es ese negocio, del que abres la persiana pronto y la bajas tarde. 

En las paredes del local colgaban fotos de las grandes hazañas de los maestros de la tauromaquia Enrique Ponce y El Juli, con fotos dedicadas por esos maestros al padre de Alex. El bar tenía un ambiente popular, donde las personas de edad se reunían por la mañana y por la tarde para jugar al mus y al dominó, sin grandes apuestas, pues todos eran jubilados con rentas muy ajustadas, era por pasar el reto y tener una tertulia con los amigos.

La familia procedía de un municipio en la provincia de Cuenca , que abandonaron hacía unos 40 años para situarse en el área metropolitana de Valencia, donde ya nacieron sus dos hijos, una parejita, y donde el padre se dedicaba a la albañilería, a veces por cuenta propia y otras por cuenta ajena, pero se daba cuenta lo difícil que se hacía llegar a final de mes. Para ello le vino a la mente la oportunidad de montar un bar, pues la mujer cocinaba muy bien, y él se imaginaba en la barra con todos los clientes, sirviendo las comandas, Y con un pequeño préstamo del banco se lanzó a la aventura empresarial.

Alex con el grupo de amigos solían quedar el fin de semana para ir de cañas e incluso tomar algunas tapas, y luego meterse en locales para pasar el rato de risas. También ver si alguna chavala encajaba en esa noche, sin más aspiraciones que tener sexo y chao.

Con el dinero que iba sacando de sus contratos temporales se había alquilado un piso muy básico, que le daba libertad e independencia, a pesar de estar cerca del bar de la familia.

En su mente no había ideas de futuro matrimonial, ni siquiera se planteaba el futuro, pues la realidad era que su trabajo era muy fraccionado. Siempre había valorado el colchón que suponía el apoyo familiar, para el caso de que le fuera mal.

Ahora estaba en racha pues le habían ofrecido un contrato temporal en una empresa del polígono industrial , habiendo pasado previamente por una Empresa de Trabajo Temporal a la que fue cedido , se le vió buena destreza, aplicación,  y se decidieron a contratarlo directamente. Ese trabajo le daba tranquilidad pues estaba en el polígono del pueblo, por medio de su familia conocían a los dueños y se había establecido cierta relación amigable, máxime cuando pagaban muy bien, y él siempre estaba dispuesto a hacer las horas extras que le pidieran.

Al final habló con el dueño del taxi para decirle que no le salían los números, que no le veía ganas a eso de trabajar por la noche para tener que pagar los mensuales de autónomos, máxime yendo a porcentaje con la recaudación del coche. Así quedaron para un probable futuro . De esa forma se quitó de encima la oferta. No le pesaba haberse sacado el título de taxi, ya lo tenía para otra ocasión quizás.

El viernes su amigo Carlos le llamó para quedar y tomar algo rápido. En esa charla su colega le dijo que estaba un tanto nervioso , pues creía que había dejado embarazada a su novia. Pasaban ya varias semanas y no había novedad, estaba valorando todas las posibilidades, pero a ella le daba miedo el tema del aborto.

Las sospechas se habían confirmado y Carlos iba a ser padre, para lo que hablando con Elena , la novia, decidiendo casarse y programarlo todo para que fuese en un breve plazo. Las familias acogieron el hecho con evidente sorpresa, y deseando mucha felicidad a los jóvenes.

Carlos reunió a sus amigos y se fueron a celebrar la despedida de soltero. Una buena celebración que le habían preparado sus amigos. Después de haber reservado un bar en el centro de Valencia, con tapas y amplia cena  terminando con carajillos, decidieron irse a bailar a una discoteca de nivel, de la que les habían hablado bien , donde iba gente mayor y chicas muy lindas.

La discoteca estaba bastante llena, cierto que habían parejas , pero abundaban los grupos de chicas y chicos, con los bailes en la pista, y la barra abarrotada habitualmente. Allí era donde se ubicaron Carlos , Alex y el resto, empezando por unos gin tonics, y luego saliendo a la pista y acercándose a las chicas de otros grupos, con bromas.

Alex estaba contento y feliz, era un gran día de celebración de su mejor amigo, Carlos. Se pasaron ahora al whisky en la barra del bar. A Carlos no le dejaron pagar nada durante la noche, así lo habían acordado todos.

La disco se iba llenando conforme pasaban las horas, al final los amigos se decidieron a dedicarle una canción a Carlos, para lo que hablaron con el dj , que lo hizo público, ellos se animaron pusieron más activos.

Catty iba muy bien vestida y perfumada, con un bolsito pequeño. Solía ir a esa disco en busca de amistad, y esa noche había visto la gran oportunidad en el grupo de Carlos. Se les acercó en la pista poco a poco, canción tras canción, y fue Alex el que se decidió a decirle que bailaba muy bien, y que si quería una copa, a lo que ella inicialmente dijo que no, pero luego aceptó su oferta.

Alex vió el escote que llevaba y el vestido semitransparente, por lo que se iba motivando más. Hablaron de la música del local, y de la fiesta de sus amigos, pero se decidió a invitarla a la zona reservada, la más oscura de la disco, ella aceptó casi a regañadientes. Pero allí fue cuando se empezaron a besar y a manosear. El tema es que iba a más y se decidieron salir del local buscando otro destino más confortable. Se despidió de sus colegas, con la expresión :" He ligado, menudo pivón".

Catty le dijo que era dominicana pero que llevaba trabajando en España cinco años, en distintas empresas de limpieza, que vivía con unas amigas y así iba pasando la vida. Se fueron al piso de Alex donde hicieron el amor hasta el amanecer, dejándole prendado de los encantos y la dulzura de la chica.

Se intercambiaron los teléfonos para volver a quedar en breve, y seguir con esa amistad que se había iniciado.

Los amigos no tardaron en interrogarle por Catty, a lo que él respondió sin darle casi importancia, que había sido un rollo pasajero, y que no creía que se volviera a repetir. Muy lejos de la realidad, le había dejado marcado ese cuerpo y esa voz.

La volvió a llamar el sábado siguiente, respondiendo ella que tenía algo de trabajo, pero que mejor el domingo sin ningún problema. El empezó a decirle cosas románticas, incluso se presentó en una cita con unas rosas, a lo que ella respondió con una reacción de sorpresa y besándolo en plena calle.

Fueron pasando los meses y los encuentros eran cada vez más repetidos e incluso entre semana. Él no entendía algunas cosas sobre el trabajo de Catty, pues quedaban en un gimnasio donde ella hacía horas extras atendiendo la barra y entregando material a los clientes. Alex empezaba a estar algo celoso de esos trabajos extraños.

En otras ocasiones le comentaba que tras su horario en la empresa de limpieza debía hacer de relaciones públicas de una emisora de radio para contratar empresas en espacios publicitarios, por lo que visitaba a algunos clientes con esa finalidad.

La mente del muchacho estaba un tanto confusa por esas tareas de Catty, pero ella sabía cómo llevarlo cuando estaban juntos, y se entregan mutuamente. Entonces se le iban todos los miedos y las sospechas de engaño.

Catty empezó a quedar casi todos los días, ahora ya iban a su piso donde pasaban bastante tiempo. Nunca coincidían con sus supuestas compañeras de vivienda. Alex estaba enamorado de ella sin límite. Fue ahí cuando ella le dijo si sería capaz de hacerla su esposa porque ella confiaba plenamente en él, y quería que fuera solo suyo.

Alex no lo dudó y dijo que prepararía todo para que fuesen un matrimonio, pensando en el futuro de la pareja. Obviamente decidieron que fuese todo en secreto, que ya llegaría el momento de hacer las oportunas celebraciones e incluso pasar por el altar, pues ella era una creyente cristiana, así se lo habían impregnado sus padres en su país.

Tras el gran día la pareja se fueron a celebrarlo a un restaurante en El Palmar, y con unas fotos de novios en la barca por la Albufera, con una alegría radiante.

Todo cambió a las pocas semanas, cuando Catty ya no cogía las llamadas de su esposo. No podía localizarla normalmente, y estaba bastante preocupado por su actitud. Decidió montar guardia debajo de su piso, y se quedó sorprendido cuando la vio llegar con otro hombre muy entregada. Alex le pidió explicaciones, a lo que ella le dijo: Olvídame Alex, hemos terminado. En ese momento tuvo una intención de montar un gran espectáculo en plena calle, pero ella entendió su reacción y la posible pelea entre los dos hombres, y se comprometió con él a llamarle y darle explicaciones.

A los dos días ella citó a Alex en uno de los locales de alterne del camino de Las Moreras, donde ella trabajaba semidesnuda y hacía servicios en la parte de arriba del local. Le explicó a Alex que lo suyo no tenía futuro, y que su trabajo era ese, que no iba a dejar, que el piso donde vivía era de un señor que la mantenía. Que lamentaba la situación pero que él hiciera su vida, pues era joven.

Alex terminó ese día bebiendo en abundancia, y al final su familia lo vio muy mal, se preocuparon por su estado, pero él les respondió que ya contaría con detalle. No fue al trabajo en dos días, yendo el padre a justificar su ausencia diciendo que estaba de médicos y que pronto se mejoraría.

El padre le pidió explicaciones en solitario de su situación y la imagen que estaba trasladando a la empresa que le pagaba el sueldo. Fue ahí cuando en ese momento de bajón se lo confesó todo a su padre. 

La reacción del padre fue muy negativa, reprochando esa actuación pésima del hijo, que había sucumbido al engaño de la dominicana, que ahora se encontraba con todos los derechos para poder heredar o pedir pensión, etc. Le dijo que no iba a permitir que ese matrimonio tuviese efectos, y para ello debían moverse con rapidez. El hijo estaba muy hundido, y el padre le había golpeado varias veces reprochándole esa ignorancia manifiesta que había padecido.

Fueron al despacho de un abogado para asesorarse y exponerle la situación, donde solo hablaba el padre dando todo tipo de explicaciones del caso. Al pedir la impugnación del matrimonio por engaño, optaron por instar la nulidad, por vicio del consentimiento. Para ello pidieron un informe de detectives e iniciaron el procedimiento judicial.

En el informe realizado por los detectives se podía observar a Catty que subía a las habitaciones superiores del club ligera de ropa por una escalera de caracol seguida de un cliente. Además de las fotos llegando al piso que tenía cedido por un cliente.

A pesar de todas las pruebas practicadas, e incluso en fase de apelación , fue rechazada la petición de nulidad matrimonial. Eran matrimonio para la justicia y para la sociedad.

Catty no tardó en conseguir la nacionalidad española al estar casada con Alex, su objetivo final. No pensaba tanto en los derechos hereditarios o en la pensión de la Seguridad Social. Ahora ya podría pedir la reagrupación familiar y traerse a su hijo Lewis que dejó en su país.

El padre de Alex no recibió de buen gusto la noticia de una sentencia desestimatoria, por lo que decidió por su cuenta moverse personalmente para corregir lo que la justicia no pudo hacer.

Se fue al club para verse con Catty, y a pesar de estar molesto con la situación, cayó ante los encantos de la dominicana, terminando en la cama junto a su nuera. La situación se repitió en varias ocasiones. Entendía el padre que a base de dejarse un dinero en el club podría modificar la voluntad de la chica. 

Al final la convenció, debían visitar al abogado para pedir el divorcio y acabar con la situación conyugal de su hijo. Ella aceptó de buen grado tras las conversaciones íntimas que habían mantenido. Sin embargo, quien no aceptó fue el letrado, a quien se le adeudaba dinero de los pleitos anteriores, y tras requerirle del pago de las deuda, la dominicana intervino diciendo con su acento caribeño : "Sr. García el abogado quiere cobrar su trabajo, páguele", y abandonaron el despacho sin acuerdo.



 

 








 


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