Always dancing together

 

Sentado en su oficina, en medio de archivos, escritos, llamadas, sus dedos se detienen en el ordenador, cierra sus ojos y se transportó al pasado, regresa 3 años, se ve a si mismo, un poco más joven, y recuerda sentirse más feliz y amado que nunca.

 Era otro momento distinto, menos centrado en temas técnicos y cotidianos. Rutina.

Situado en ese momento, buscó un día entre semana, por ejemplo, un martes, a las 18 horas. Una habitación con dos camas, una grande y otra más pequeña, pegada a una pared, dos mesitas de noche, una neverita, televisión, armario amplio, mesita central y dos sillones. La ventana da al interior de una calle soleada, un baño amplio con un gran espejo que cubría de lado a lado la pared, una bañera un tanto antigua, pero lo suficientemente cómoda para un relajante baño de espuma.

 El lugar es muy acogedor. Podría ser una cuarta planta, al fondo del edificio, un lugar tranquilo. Un verdadero nido de amor para dos jóvenes amantes, que se reúnen con cierta frecuencia.

Esa tarde ella había estado preparando la llegada de su amante de forma especial. Puso las tres botellitas de champán en la neverita, y unos leves aperitivos, incluyendo unas aceitunas. Además, se preparó previamente una ducha, con mucha espuma, relajante, con la música que le gustaba a ella, Bach de fondo. Su espacio de relajación.

En su mente siempre tenía a su amante, soñaba en todo momento con su cara, sus movimientos, sus detalles, su olor corporal.

Se puso crema corporal para estar al máximo preparada para recibirle. No era la primera vez, pero lo hacía siempre como si no fuesen a haber más ocasiones para estar pegados.

Retocó un leve carmín, muy suave, de marca. Maquillaje y sombra de ojos, junto a tratamiento de pestañas. Igualmente, un perfume intenso para que fuese grabado en la mente de su caballero.

Él solo pensaba en ella, pensaba en esa belleza que le envolvía, sin límite, le daba lo que necesitaba, la protegía de todas las cosas, para que no tuviese problema alguno de gustos o preferencias.

La pasión subía escalones con esa ropa con la que se le insinuaba de forma elegante, con algunos juegos divertidos. Su voz tan sensual. Bailando con la música que ella preparaba para la ocasión. Ella era una verdadera experta en temas y gustos musicales, le enseñó aspectos desconocidos de la buena música en un estudio.

Siempre era un dilema el hecho de preparar las combinaciones de cada una de las partes como debía vestir el cuerpo, desde arriba hasta abajo. Y sobre todo con los complementos adicionales.

Para esa ocasión buscó una gran sorpresa, algo que fue a comprar por la mañana, cuando tenía disponibilidad para recorrer el centro comercial y desde el mismo, en ocasiones, llamarle para decirle si combinaba un zapato con un pantalón, o un vestido. Enviando fotos de las posibles compras a realizar, buscando la aceptación o reprobación. Su cabello rubio recién tratado en la peluquería.

Se decidió por un vestido cotidiano, en tono gris con unos tonos leves estampados, para uso casero, que era parte del juego, y por dentro una lencería de encaje negro , de primera marca, por supuesto. Y un tanga muy novedoso y moderno, solo de tiras, de color negro. Acompañado de unas medias negras de encaje, y unos zapatos de tacón de aguja a juego.

Él siempre la sorprendía con algún detalle cotidiano, desde unas flores o unos pendientes, y no perder la lejanía de su chica soñada. Esa era otra de las colaboraciones que descubrieron de forma graciosa, pues daba juego para hacer bromas al respecto.

Cuando él llegaba a la puerta de la habitación común hacía una llamada convenida. Los nervios aparecían en ella, para estar perfecta para su amado del alma. Él se sometía fácilmente a las propuestas y sorpresas de ella.

En esta ocasión, él, vestido de ejecutivo, corbata, con su maletín de trabajo, y pensando en su rico bombón que estaba detrás de la puerta, tras una jornada de trabajo pesado, llegaba el momento de relajarse juntos, por unas horas. Contarse cosas de la jornada, y hacer propuestas para el día siguiente.

El encuentro era un largo beso en la puerta, con un fuerte abrazo, y donde el perfume hacía su tarea de complemento sexual idóneo.

Ese beso largo se acompañaba para relajarse de tareas laborales; pasar a lavarse las manos, ponerse cómodo, y compartir bebida fresca, para ambos.

Ella había programado unas canciones lentas que le gustaba bailar sola o con él. Y mientras él se sentaba y abría la bebida para ambos, ella ponía en el teléfono móvil las canciones deseadas para la intimidad. Nunca faltaba el sonido del saxo.

Esa escena a media luz, pues caía la tarde, sin mucha iluminación en la estancia, y con esa canción Home, cantada por Michael Boublé, que ella empezaba a bailar, y él disfrutaba sentado y bebiendo ese champán fresco. Él estaba casi desnudo, cómodo, solo con una camisa encima, y ella iba jugando con ese vestido arriba y abajo, mostrando las medias, y cuando se pusieron ambos a bailar juntos esa canción. Ese momento fue maravilloso, ambos dijeron que se amaban mutuamente, que ella estaba perfecta, y cada día más dedicada a él, al amor de su vida. Ella se abstraía concentrada en el momento. De repente surgió una llamada del teléfono, sin atender, y que dio la posibilidad de que se quitase la camisa y ella se quitase el vestido, mostrando su lencería, que encantó a su amante sorpresivamente. Realmente era preciosa, única, era un gusto al máximo por ella, una pasión encantadora.

Siguieron brindando y bebiendo, se tomaron varios botellines, felices, pegados. Mientras ella se despejaba de sus pendientes. Y bailando, él fue quitándole el sujetador, mientras la besaba sin límite, y le decía lo bella que era, lo que la deseaba. Con las copas en la mano, volvieron a brindar por su amor eterno, sin fin, y ella se sentó en sus piernas para seguir besándose, y seguir abrazados.

Dada la posición de desnudez de él, intentó bajarle el tanga, para que ambos estuviesen en la misma situación. Él estaba sentado en la cama, ella en sus rodillas. Y la pasión en su grado máximo. En esa habitación de la cuarta planta, a las 19 horas, había dos jóvenes amantes que disfrutaban de su amor delicadamente, y con una entrega mutua, muy cuidada y exquisita, con el máximo de detalles posibles.

Estos amantes se deseaban al máximo, y se preocupaban el uno por el otro, para que todo fuese perfecto en esa relación recíproca.

Una verdadera relación amorosa sin comparaciones, especial. Se habían prometido amor eterno que iban a certificar con una boda a la vista, y una felicidad infinita.

 

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