Camino sin retorno (1ª Parte)
Su padre había fallecido por
un accidente laboral, un golpe muy fuerte para todos, era el sustento económico
de la familia. A sus 18 años ese hecho le iba a marcar a Andrea el futuro de su vida . Empezó con visitas a psicólogos, intentando superar la profunda
depresión que arrastraba. La familia estaba volcada con su enfermedad junto a
los tratamientos que necesitaba.
Aparentemente, tras un tiempo, lo había
superado gracias a unas amistades que había encontrado en el pueblo, que a su
madre le ofrecían garantía y confianza.
Fue un espejismo fugaz lo que
duraron las amistades iniciadas. Empezó a frecuentar los fines de
semana la ruta del bacalao, con la consecuencia posterior de estar unos días
con una nebulosa mental. Su madre se esforzaba por entender las explicaciones y
excusas de Andrea.
La madre, Julia, además de
observar la degradación física de su hija, llevaba varios meses comprobando
como le faltaba dinero del lugar donde lo guardaba. A pesar de que Andrea lo
negaba, ella pensaba que estaba pasando algo delicado.
Fruto de esas fiestas alocadas
en la ruta del bacalao se había adentrado en el mundo de la droga. Junto a sus
amigos se estaban pinchando heroína para abstraerse de la realidad. Era un “viaje
tan especial” que no se podía imaginar. Estaba muy enganchada al “caballo”.
Además de esa droga y la
correspondiente dependencia, entró en un desorden sexual. Tras un tiempo frecuentando a
esas amistades y festejos, se había quedado embarazada y no quería decirlo en
casa para no alarmar. Había ido preguntando para deshacerse del futuro bebé, y el tiempo pasaba sin encontrar una solución.
Andrea no se encontraba en
condiciones saludables en las últimas semanas. El médico del ambulatorio le
había indicado varios fármacos, remitiéndola al hospital para algunas revisiones con el objeto de que el especialista pudiera averiguar lo que le ocurría verdaderamente.
Su madre se asustó cuando le
dieron los resultados de sus análisis : Andrea tenía el SIDA y además estaba
embarazada de 3 meses. Era una situación muy complicada. Julia ya no sabía qué hacer ni decirle, pues no había respetado los consejos que le había dado. Los médicos le
daban confianza en el tratamiento a seguir.
Andrea se unió a Félix, su
nueva pareja más estable, alojándose en una casa muy básica, como inquilinos,
gracias a la intermediación del hermano de Andrea. No fue suficiente, Andrea
estaba muy atrapada con su drogadicción. Con frecuencia se le veía por la
capital callejeando y prestando servicios a clientes para obtener dinero para
sus dosis de heroína.
Félix había obtenido un
trabajo temporal en una finca de naranjos de Guadasuar. Había comprado un coche
a plazos, que por la cercanía de la empresa no solía usar, pues el encargado trasladaba
a los empleados en su furgoneta.
Andrea seguía sus visitas al
centro de salud, muy irregulares, sobre todo por la cuestión delicada del SIDA
unido al avanzado embarazo. Le habían dicho que quizás se iba a adelantar el
parto por su situación física. Temían por si el bebé estuviera infectado del VIH.
Tras algún problema con sus
clientes en la ciudad, Andrea había sido fichada por la policía, por robo, en
colaboración de Félix. Tenía varias causas abiertas por temas relacionados con
la droga, una de ellas en Albacete.
Todo se precipitó a la mañana
siguiente tras pasar una noche fatal con muchas molestias. Félix estaba ausente por
el trabajo, ello, unido a la incomunicación con su familia, hizo que no tuviera opción. Sin tener
permiso de conducir, y el coche de Félix sin asegurar. A ella le daba
lo mismo, se dirigió sin dilación a la capital para ingresar por el parto.
Así fue, tenía conocimientos
de conducir muy básicos, pero sin carnet. Con un par de tranquilizantes se puso
al volante, con algunas molestias, y salió a la carretera nacional. Hizo los 20
kms que restaban para llegar al hospital. No se lo dijo a nadie. Sabía que su
hermano, que vivía en Valencia, podría estar en casa, pero no sabía si le daría
tiempo a visitarle.
Su cabeza era un verdadero
hervidero de dudas. No paraba de darle vueltas al futuro de su hijo, y tampoco
sabía sobre su situación judicial con los casos abiertos, así como por la
enfermedad que arrastraba por el virus. No superaba los 90 Kms/H. con ese coche,
solo quería llegar a su destino.
El día estaba despejado, y el vehículo
iba respondiendo a las necesidades de Andrea. Tras esos kms. ya parecía
controlar el auto en las marchas, frenadas, y adelantamientos, había cogido cierta
soltura.
Después de entrar por la pista
de Silla, accediendo por la pantera rosa, se dirigía al hospital Virgen del
Consuelo, que era donde llevaban su tratamiento. No sabía muy bien de los
cambios de sentido, solo pretendía llegar al ginecólogo, a pesar de notarse un
poco cansada y abstraída.
Gregorio vivía solo, era soltero,
tenía 63 años. Mantenía una buena salud. Estaba en contacto diario con 3 de sus
5 hermanos, que le invitaban cada cierto tiempo a comer y estar distraído.
Gregorio estaba jubilado, tras prestar servicios en Astilleros Españoles
durante más de 25 años. Iba a correos a enviar un giro postal para el pago de
la contribución de la plaza de garaje.
Gregorio vivía enfrente de
correos, cruzó por medio de la calle al ver que no venía nadie, evitando el
paso de cebra. En ese momento apareció Andrea a 90 Kms/H, sin saber
reaccionar, ni intentó evitarlo. Golpeó a Gregorio, casi sin verlo, y siguió
adelante, sin parar, le esperaba el hospital y el ginecólogo.
Dudó, pero no paró, decidió ir a ver a su hermano, que vivía cerca. Alarmó a su hermano con la noticia, sorprendido al verla conducir. Volvieron al lugar nuevamente en la puerta de correos, donde había un grupo de personas alrededor del cadáver de Gregorio. La policía también había llegado y esperaban a la ambulancia.
Observaron el estado de
embarazo avanzado, su hermano le ofreció los datos a la policía, junto a la posterior comparecencia, y le dijeron que se fuese al hospital, pues ya se pondrían
en contacto con ella.
Andrea sería condenada a
prisión por imprudencia temeraria con resultado de muerte. Entonces ya estaba
cumpliendo condena por la causa de Albacete. El bebé nació infectado con el
virus del VIH, pero lo superó con el tiempo.
Continuará...

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