Distancias. Parte 3. EMERSON
No dejó de estar pendiente
del wasap, y del correo electrónico. Los hechos habían tomado unos tintes muy
serios en Ciudadela, pero él confiaba en la labor de la justicia española.
Emerson se puso en contacto
con Manuela Rico, para agradecerle el enorme apoyo que estaba realizando sobre
sus hijos. No tenía palabras para reconocer su tarea de acogimiento. Le
informaba que había comprado los pasajes para presentarse en España la semana
próxima, y le pedía que tuviese lista la documentación del IES para firmar la
baja de Katia, pues lo había hablado con ellos y la decisión estaba tomada.
Katia preguntó a su padre
por el retorno a Paraguay, deseaba no estar cerca de su madre, y con mayor
motivo del argentino delincuente. Quería borrar de su mente aquel
acontecimiento maldito.
Emerson tenía un pequeño
taller de motos en un barrio periférico de Asunción, y preparó su ausencia con
una contratación de otro empleado por si se demoraba en su retorno al país tras
la búsqueda de sus hijos.
Había padecido mucho en esta
vida, siendo el golpe más fuerte, la ruptura, cuando Jeny se fue con los hijos
a España, pero no podía evitarlo. En aquella época las deudas los superaban, con
una depresión severa, todo eran problemas añadidos en la familia, pues ambos
estaban en paro, y no se veía fácil salida a ese panorama.
Jeny conocía varias amigas
que se habían trasladado a España, y le comentaban que se vivía bastante bien,
con cierta apretura, pero salían adelante, con salud, educación universal y sus
servicios públicos, cosa que en Paraguay era más dificultoso.
Nunca había salido Emerson del
país, tuvo que hacerse el pasaporte, con certificado de penales en vigor. No
fue un problema comprar el pasaje, y la previsión para el de vuelta de sus hijos.
En ello se le fueron los escasos ahorros que le había dado hasta la fecha el
taller.
Los padres de Emerson habían
fallecido, ambos por enfermedades dilatadas, y como hijo único había recibido
una herencia que le ayudó a salir adelante con el negocio de las motocicletas.
Se había organizado bien, justo cuando parecía que la economía paraguaya
empezaba a levantar.
No volvió a casarse a pesar
de que el país permite la poligamia. No había terminado de superar el hecho de
que Jeny se alejase con los hijos, pero en aquel momento, con la crisis,
Emerson se vio abocado al alcohol, para olvidar las deudas y la crítica
situación familiar, sin ayudas oficiales, se encontraba abandonado a su suerte.
Recuerda el día de la boda, las
prisas de Jeny en casarse en pleno invierno, en la iglesia de la Encarnación,
junto al río Paraná. Un día gélido, que se compensaba con el amor que se
prometían. Solo lo entendía por la idea de atar con más responsabilidades a
Emerson. Fueron pocos asistentes, una ceremonia muy sencilla con celebración en
la intimidad. Al poco tiempo tuvieron a Jairo, que les llenó de enorme gozo.
Tiempos distintos los de un
país bajo el prisma del amor libre, y donde la poligamia daba alas en los
hogares para que la mujer se ocupase de la familia y deberes domésticos, y el
hombre pudiese abiertamente socializar. En eso estaba Emerson cuando le
vinieron a reclamarle la paternidad de una niña, Candelaria. Era la época de la
abstracción, del devaneo, de las ausencias terrenales. Un período de paréntesis
en su vida, que dio pie a un hecho muy frecuente en el país, una hija
ilegítima, extramatrimonial.
Aquel hecho había sido
superado, pero no por Jeny que fue el detonante de su salida del país. No podía
soportar al marido que no aportase económicamente, y además tuviese festejos
frecuentes con el vecindario. Amén de su permanente grado de alcoholismo.
Con el paso de los años y el
golpe por la muerte de sus padres en tan corto periodo de tiempo, habiendo
observado su paulatino deterioro físico, unido al ansia constante de comunicar
con sus hijos, hizo que Emerson se centrase en su nueva actividad que le sirvió
de terapia para sentar la cabeza, e ir progresando paulatinamente a nivel
personal y económico.
Una vez llegado a la isla de
Menorca, fueron sus hijos a recibirle al aeropuerto de Mahón. Emerson se abrazó
a ellos con un afectuoso cariño. Katia estaba muy emocionada con el encuentro, todos
se pusieron al día sobre la situación personal. Habían crecido mucho los niños era
la mayor novedad para el padre, que los tenía ya bien criados. Juntos se desplazaron
a Ciudadela.
Al día siguiente hicieron
los trámites ante el Juzgado y en el instituto se reunieron con Manuela Rico, a
la que le había traído un obsequio desde Asunción, que la jefa de estudios le
agradeció, aunque dijo que era innecesario.
Juntos se personaron ante
los Servicios Sociales, para explicar la situación de retorno a Paraguay en dos
días, para mayor aclaración exhibió los pasajes ya comprados para los tres miembros
de la familia.
Emerson le solicitó una
reunión a Jeny, para tratar los detalles del retorno a Paraguay, y de que
pudiera comparecer tanto al Juzgado como ante los Servicios Sociales para
mostrar su conformidad con la decisión adoptada en beneficio de los hijos.
Jeny no puso obstáculos,
aunque aprovechó para exponer sus argumentos en contra de Katia, pensando que
probablemente estaba influenciada por él, para hacerle la vida imposible en la
isla. No era el momento de enfados, ni discusiones, sino que las cosas quedaban
como estaban y se hacía en beneficio de los hijos.
Ella no podía oponerse
porque pensaba que podría peligrar su trabajo en el hogar de los ancianos, y
quería estabilidad en esta nueva situación turbulenta.
Por su parte Jairo, había
anunciado en su puesto de trabajo la situación sobrevenida, para que lo
tuviesen en cuenta, y le preparasen la liquidación salarial, mostrando su
agradecimiento por el trato recibido en la empresa, que era más que nada una
pequeña familia.
Ciertamente los hermanos se
amoldaban a la situación, pero no evitaban cierta incertidumbre ante su vuelta
a Paraguay, tanto a nivel académico como laboral, pero lo tenían decidido,
pensaban en obtener mayores beneficios que perjuicios personales.
El vuelo nocturno de Iberia los
llevó desde Barajas a Asunción, pudiendo dormir plácidamente en clase turista
Esa noche podían soñar desde el cielo con otras panorámicas.

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