Nitrato de Chile

A partir de que Chile dominase esa zona de la pampa le vieron las aplicaciones al nitrato como
fertilizante en el campo y producción de pólvora.
Ese descubrimiento hizo que
Chile creciera enormemente en el renacer de infraestructuras tras ceder
concesiones a empresas extranjeras en la explotación del salitre. Una
característica que se iba a repetir posteriormente con el cobre.
Ello provocó una avalancha
de contrataciones y construcciones de agencias productivas dispersas por la
zona de Tarapacá, en manos extranjeras, generando precarias condiciones
laborales por ese abuso en la contratación.
Miles de hombres y mujeres
migraron al norte en busca de progreso. Iván Vargas tenía 17 años y al
extenderse la noticia sobre ese nuevo foco de actividad minera en el
desierto, con expectativas de duración, no dudó en presentarse en la agencia de
Til Til, puerto con mucho movimiento de exportación de nitrato para todo el
mundo.
Esta máxima expansión
chilena coincidía con el desarrollo de la primera guerra mundial en Europa. Era
tremendo el nivel de exportación para todo el mundo desde Chile.
Iván Vargas obtuvo su puesto
de bracero en la agencia Pedro de Valdivia, una de las más grandes, junto a la
agencia María Elena. El trabajo era pesado, exento de cualquier protección, con
elevadas jornadas de trabajo y un salario pésimo. Debía llenar los sacos y
trasladarlos a las vagonetas
Abundaban los accidentes de
trabajo y muertes en el puesto. Iván perdió dos dedos con la broca de excavar
la tierra, siguiendo al día siguiente con sus tareas por indicación del médico
de la empresa.
Recordaba Mateo Vargas, hijo
de Iván, que su padre recibía el salario de la empresa inglesa no en dinero,
sino en fichas que debía cambiar en la propia empresa por comida, ropa, etc.,
con ello la empresa hacía doble negocio también con los empleados, recortándoles en medidas y pesos.
El mismo Mateo, de empleado,
pudo comprobar años después que la comida que les daban en la empresa era cada
vez más limitada. Todos comían en fila, tipo rancho, y con escasez.
Las mujeres y novias de los
empleados se les acercaban a la fila para poder verlos escasamente en ese momento
del día, y aportarles algo de comida adicional.
Iván Vargas se casó en San
Pedro de Atacama con Emilia Suferini, con quien tuvo tres hijos, Mateo era el
mayor de todos.
Agustina Vargas, la hija
menor de Iván, años más tarde visitaba la casa donde nació en esa planta
de producción, con emoción y satisfacción al mismo tiempo. Llegó a la vida en
una zona inhóspita en el desierto pampino.
Revisaba ahora los grafitis
de las paredes donde se expresaban los que habían estado en esa vivienda o
habían nacido allí como su hermano mayor Mateo Vargas.
Muchos niños y niñas estaban
vinculados a aquellas casuchas en las que vinieron a la vida, por eso volvían
cada cierto tiempo para plasmar en sus paredes sus nombres y su pertenencia a
la pampa.
En la escuela de la agencia
productora había aprendido todo lo que sabía hasta la fecha. Se acuerda con
agrado de los valores recibidos de sus maestros, que aún perduran en su mente.
Toda la educación básica de niños y adolescentes se impartía en los locales de la empresa.
En esa escuela compartía con
sus hermanos Sebastián y Mateo los pupitres y escaso
material. No había aulas separadas, era única, y en ese complejo productivo
que era la pampa chilena, se habían combinado gentes del sur, provenientes de
Valparaíso, con las generaciones que antes de 1880 eran de la cultura aymara,
como bolivianos, pero que se habían integrado en la pertenencia a Chile.
Iván Vargas había nacido en
Concón y se desplazó a Tal Til al hilo de las explotaciones del salitre. Era
joven y decidido. Estuvo en la planta 6 años, y las condiciones laborales cada
vez eran peores. La empresa argumentaba que tenían muchos gastos, y debía reducir necesariamente el salario porque había competencia en Europa por
el salitre artificial. Los trabajadores rechazaron dicha decisión, pues
ellos trabajaban de la misma forma y manera.
Las negociaciones con las
empresas inglesas no iban por buen camino. Los trabajadores, argentinos,
bolivianos, brasileños, peruanos, italianos y chilenos se organizaron frente a
la presión de la patronal, creando su propio sindicato.
La asociación
patronal del salitre dio cuenta a las autoridades gubernativas sobre la
situación del paro, aunque desde Santiago no veían la huelga con buenos ojos, pues limitaba
los ingresos al Estado. Enviaron varios destacamentos de carabineros a
Antofagasta.
Emilia Suferini le alertaba por la escasez de víveres para pasar el día, e insistía en buscar una solución al menos para los hijos. Iván le dijo que Mateo podría empezar en breve a trabajar como aprendiz,
pero que aún había un conflicto y confiaban ganarlo.
Llegó a sus oídos que en
Iquique, ante esos conflictos obreros, se habían organizado como Partido Comunista, tras su creación en 1917 en Chile,
al hilo de la revolución rusa. Sería 15 años antes que la fundación del Partido
Socialista.
Un día antes de las fiestas
patrias de Chile, el 17 de septiembre, y con los trabajadores en huelga varias semanas , Carabineros ordenados por el gobierno regional y nacional, irrumpieron frente
al sindicato y le dieron muerte a tres héroes de la lucha obrera entre los que
estaba Iván Vargas. Ahora permanece enterrado en la pampa en un homenaje
que recibieron los tres líderes sindicales.
Su familia siguió trabajando
en la zona, con protección especial por parte del sindicato. No sería la primera vez que
tendrían la visita de la fuerza pública en la zona y en el sindicato, sobre todo será Mateo
el que conocerá de cerca nuevamente las actuaciones protectoras de Carabineros
para la patronal.
Estábamos asistiendo a la creación del movimiento obrero en Chile, como consecuencia del abuso por parte de la patronal y con apoyo represivo del Estado.
(Continuará...)
Muy buen relato
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