Fue como la espuma

 

Aguas cristalinas en una playa caribeña de arena fina con palmeras. Ahí se encontraba Raúl junto a otros 6 concursantes , un cantante de moda, que a sus 28 años era la locura de la juventud del momento. Los méritos de estar en ese reality que seguía la ciudadanía era haber terminado finalista en otro concurso musical. Iba saltando de concurso en concurso, aunque lo que a él le gustaba era cantar.

Lo dejó casi todo preparado antes de su partida hacia el Caribe. Habló con su representante Gustavo, que tenía plenos poderes en las cuentas bancarias, y respecto a la firma de contratos, podía hacerlo en nombre de Raúl.

Se habían conocido hacía 5 años cuando le recomendaron que el cantante tenía un futuro prometedor, y ahí empezó su relación comercial.

No había precedentes en su familia en el mundo de la música, ni de la farándula. Su familia era de clase media, profesiones liberales, que le habían dado una educación de nivel, derivando en el mundo de la canción. Tras ello los padres se habían unido para apoyar a su hijo en la trayectoria que empezaba.

La fama es como la espuma, que tiene su momento de ebullición, pero luego desaparece y queda diluida en el agua cristalina. Es la aglomeración de burbujas que persiste durante un corto tiempo en la superficie y después se disuelve. Eso era lo que Raúl tenía ahora, por todos los sitios que iba le pedían fotos, autógrafos o entrevistas. Nunca se había imaginado ese nivel de atracción social. Le gustaba sentirse importante al mismo tiempo que humilde.

No era amante de los lujos, ni coches deportivos, ni ropa cara, ni restaurantes espectaculares; solo la discreción y estar tranquilo es lo que deseaba.

Antes de partir hacia la isla caribeña había cerrado algunas cosas importantes con Gustavo. Tenían un grupo de música, fruto de ese foco de atracción que iba captando Raúl, entendía que eso iba a relanzar más su fama y sus ingresos económicos. No tendría que preocuparse por esas obligaciones porque de ello se iba a encargar su representante en España.

Con esa tranquilidad y sencillez que le caracterizaba se fue a cruzar el charco y disfrutar en esa isla dominicana junto a presentadoras, deportistas, modelos y actrices, todos famosos que atraían la atención del público español, y que eran sus contrincantes.

El premio del concurso era de 200.000 euros y un coche de alta gama. Iban a estar varios meses conviviendo en la isla, para ver quien de todos se comportaba mejor, era más solidario, más humano, superaba las pruebas y sabía sobrevivir en esa isla de competición.

En España las cosas estaban más tranquilas, de tal manera que Gustavo se ocupaba de sus propios negocios, dejando aparcados los de Raúl, que eventualmente podrían sus músicos actuar en algún pueblo en fiestas y obtener unos mínimos ingresos, que no eran suficientes para subsistir de ese trabajo. Gustavo no les indicaba nada respecto a los ensayos, ni establecía organización alguna, solo les decía qué día y qué pueblo era donde debían tocar. No era una constante que abundasen los contratos.

En la isla iban cayendo los expulsados, dirigidos por un presentador del programa; Raúl avanzaba con paso firme en la isla. En ocasiones tarareaba algunas de las canciones de sus dos discos grabados. Se habían hecho famosas las canciones gracias a las giras por toda España que había realizado en el anterior concurso musical.

Estaban llegando a la fase final, y el tiempo había pasado para todos, incluido Gustavo, que no había sacado adelante a la orquesta de Raúl, además había vaciado las cuentas corrientes que tenía junto al cantante. Todo eran gastos y mínimos ingresos. Junto a otras transferencias a otras empresas del manager que justificaba como inversiones de futuro en nuevos focos de conciertos y productoras.

El público y los propios ex concursantes iban apostando por la sencillez y bondad del cantante, de tal forma que al final se alzó con la victoria. Una verdadera satisfacción, gran alegría para todos, familia, y allegados. Se llevaba 200.000 euros, que ingresaban en su cuenta societaria por la que participaba, con la retención del IRPF.

Al llegar a España todo eran entrevistas, y reuniones. Unido todo ello a una gira por varias ciudades para combinar el premio con los conciertos, y que estaba previsto en el contrato inicial. Obligaciones accesorias o complementarias al premio conseguido.

Ya con su familia en la ciudad, y tras unos días de descanso, le llovían las llamadas de los músicos de su orquesta para felicitarle, y tras ello preguntar por las deudas generadas por impagos de conciertos. Ahí le saltó la alarma sobre la gestión de su socio-representante.

Le pidió una reunión para el día siguiente. Quería ver las cuentas bancarias y la gestión de las mismas. No puso reparos en verse en el hotel Media Sol. Raúl iba muy tenso a esa cita, pues no solo era por lo que le habían dicho los músicos de la banda, sino que, consultadas las cuentas, faltaba mucho dinero, incluso algún saldo en números rojos.

La reunión fue muy breve, pues Gustavo intentó llevar el asunto por la felicitación y éxito o relanzamiento del cantante tras le victoria en la isla, pero aquél no quería milongas, y le preguntó por todo el dinero. Dijo que había mucho gasto en invitar a agentes de productoras, hoteles, viajes, regalos, todo ello estaba documentado en su cargo de la Visa.

Raúl le dijo que se había gastado el dinero que había ganado en la isla, y que su paciencia se había acabado, rompería la sociedad y quería que devolviera el dinero. Eso era realmente imposible, pues Gustavo estaba sin blanca, y para él todo estaba justificado.

Nunca más iba a recuperar el dinero. Nunca más iba a volver a la isla. Su carrera musical quedaría como un punto final. Fueron unos años divinos, pero incluso los propios músicos le demandaron por incumplimiento de contrato como empresario, consiguieron su indemnización por despido. Todo eran complicaciones en esta fase de la carrera del cantante.

Lo mejor para él fue el idilio amoroso que inició con otra actriz, y que compensó todo el desastre que había traído la victoria en la isla. La música ya no sonaría más para Raúl, su vida se iba a normalizar como la espuma disuelta en el agua cristalina.

 

 

 


Comentarios

  1. Tempus fugit, la banalizacion declos valores, el exito, el Don Perignon nunca podra estar al alcance decla burguesia. Saber firmar contratos y elegir buen manager es la primera piedra. Para cuslquier tema, llame inmediatamente a su abogado.. Contratos de patrocinio, de apoderamiento..al.final bailamos con lo insalvable. Triste relato

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

"Ni gitanos, ni murcianos, ni gente de mal vivir": el origen tergiversado de un dicho que aún hiere

HABITACIÓN 312 (PRIMERA PARTE)

Los gráficos del deseo