La Promesa

 La Promesa


Como dijo Javier Castillo en su novela El Juego del Alma, aunque siendo un Thriller buenísimo,  su dedicatoria me ha parecido muy romántica : “ A todos los abrazos que dejamos por el camino. A los besos que se fueron. A las historias que perdimos…


Inma y José Andrés, se habían encontrado por primera vez en una exposición de libros, habían sido invitados por amigos en común y de inmediato surgió una fuerte sintonía entre ellos, como si se hubieran conocido desde siempre. Finalizada la visita y con muchos libros encima,  quedaron de encontrarse otro día para cenar.


José Andrés quiso quedar muy bien, después de todo era la primera cita, entonces pensó en llevarla a  un restaurant importante, el que contaba con tres estrellas Michelin, por supuesto Inma se sintió fascinada, el precio no era problema, lo que importaba era que se habían vuelto a ver. 


Ella iba con un hermoso vestido estampado, suave, liviano y elegante. Él vestía semi formal, tal y como se sentía más a gusto. Fueron muy auténticos desde el momento en que se conocieron, sin posturas , ni tratando de impresionar; eran ellos mismos, naturales, espontáneos y divertidos.


Comenzaron la velada con un exquisito pisco sour, le siguió una deliciosa ensalada de Bogavante Nacional, luego pulpo asado para él y Bacalao Tellagorri para ella, finalizaron con un sabroso Parfait de caramelo. Fue un encuentro mágico para ambos, no dejaban de reír y mirarse a los ojos. 


Salieron del restaurante, la temperatura era muy agradable para ser julio, se tomaron de las manos y caminaron por la calle Álvarez de Baena, hasta llegar a un bar, bebieron gin tonic, de fondo sonaba Don´t know why de Norah Jones, no lo dudaron ni un instante y comenzaron a bailar. Desde esa noche no se separarían, hasta que...


Transcurrieron semanas, meses y unos cuantos años, todo era perfecto entre ellos, su relación tenía todos los ingredientes que cualquier otra pareja desearía, hasta llegaron a vivir juntos. Pero esa noche todo cambiaría,  Inma tenía que tomar una decisión laboral y no sabía como lo tomaría José Andrés, habían conversado incluso de tener un bebé.  Pero le llegó una gran oportunidad de trabajo en el otro extremo del país, era lo que ella siempre había soñado y así se lo planteó a él.  


No sabían como sería una relación a distancia, si el amor sería suficiente o no.  José Andrés no podía ni quería impedir el desarrollo personal de Inma, pero al mismo tiempo no quería separarse de ella ni tampoco dejar su lugar de trabajo, se sentía egoísta pensando así.  A los pocos días, ella se fue, él la llevó al aeropuerto, llevaba una sortija en su bolsillo para ella, la vio tan feliz que no se animó a proponerle matrimonio.  Pasó el tiempo y surgió la inevitable distancia, el trabajo, la diferencia horaria, la falta de comunicación, todas esas cosas que ponen a prueba una relación y esta al parecer no la superó.


Una noche, frente a la ventana, en el despacho de su  apartamento, miraba con nostalgia hacia afuera, hacia el  parque al que acostumbraban ir cada fin de semana a caminar .Se preguntaba si alguna vez, le dijo "te amo" -pensaba- y si se lo hubiera dicho ¿algo habría cambiado para nosotros?, ¿por qué la dejé ir?

 

Movió su cabeza como diciendo "basta, no debo pensar en esto", y en un gesto ágil, con su mano derecha, bajó la cortina, encendió la luz tenue de la lámpara antigua que se elevaba sobre su escritorio, para proseguir con lo que le tenía ocupado en ese instante, no quiso persistir con esos pensamientos que ya no tenían sentido para él.

 

Volvió a sentarse en el sitio de costumbre, respiró hondo , despejó su mente y volvió a su trabajo. Pasaba horas y horas en ello, era un exitoso profesional y de los mejores en su área. Era profesor universitario, esto consumía la mayor parte de su tiempo y energía, pero no sabía otra cosa, sino trabajar incansablemente, se entregaba por completo a sus labores.

 

De constitución robusta, estatura normal, cabello cano, lo que le otorgaba aires de seductor, de intelectual, de hombre culto. Sus ojos curiosos y vivaces, estaban siempre en movimiento, pensaba tantas cosas al mismo tiempo, necesitaba tener el control de todo y todos, de personalidad dominante, la suavidad en su trato, disimulaba esa parte que pocos conocían. Desprendía experiencia, era vivencia pura.  Gran orador entre multitudes y locuaz entre amigos.

 

Gustaba de usar ropa de marca , no era formal en el vestir hasta cuando la ocasión lo exigía, odiaba usar corbata, sentía que le faltaba el aire.  Más bien era de vestir con holgura.

 

Quedaron tantas cosas de ella en él, como usar un perfume, en especial, uno de notas aromáticas fougére del perfumista Francoise Demanchy, hasta utilizar  prendas en azul.  A pesar de la distancia, cada vez que requería vestir de traje, elegía uno en especial que tenía un mensaje oculto , que sólo ellos conocían y eso mantenía su reminiscencia viva a pesar de la distancia…


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