SUSANNA SOLA
No veía salida, por eso no
paraba de llorar. Era muy injusta la situación que estaba viviendo. Pensaba
que todo era una planificación realizada desde la empresa.
A los 50 años sabía que
cesando en la empresa lo iba a tener muy mal para volver al mercado laboral. Esa
era la pura estadística que lanzaban los medios. Quería convencerse que a ella
no le iba a suceder, no pasaría por ese trance.
Susanna, se había formado
por toda Europa, con su mochila al hombro, estudiando en Berna, Múnich y
Bruselas. Ese periplo en su juventud le sirvió para acreditar un buen dominio
de los idiomas, además del holandés de nacimiento, en Rotterdam.
Una persona guapa, rubia, de 1,80 de estatura, de gimnasio habitual, muy alegre y extrovertida. Se había establecido en Getxo, junto a la ría de Bilbao, viendo su puente colgante todos los días, y los enormes caserones de los ricos de Neguri.
Con sus ahorros Susanna decidió instalarse en un bloque de viviendas nuevo que construían en Deusto, en
el centro de Bilbao, siempre junto a la ría. Hizo un esfuerzo y firmó un préstamo
hipotecario elevado, avalada por sus padres, que siempre la habían apoyado en
todo momento.
Su pareja vendría después,
en una temporada de salidas por la noche, y tomando unos vinos con compañeros
conoció a Patxi, un chico de Galdácano, vasco auténtico, que la engatusó con su
intelectualidad y verbo fácil.
Decidieron irse a vivir
juntos al piso de Susanna, aunque Patxi tenía también sus propiedades. Lo compartían con un perro Schanauzer de pelo largo, con el que hacían ejercicio paseando todos los días junto al río Nervión.
Gorka, el jefe de la empresa, llamó un día a
Susanna a su despacho para explicarle que vista la avalancha de trabajo que
tenía, pues ella se comunicaba con todo el mundo, y por la diferencia horaria,
salía tarde siempre de trabajar, lo mejor era ponerle un adjunto a su puesto,
para ayudarla. Tenía cientos de correos cada día al abrir su ordenador. El jefe
le dijo que iban a contratar a una persona de apoyo, bajo las órdenes de
Susanna. El perfil lo diseñaron ambos, pero debía ser alguien que dominase el
francés, pues querían insistir en ese mercado. Inicialmente Susanna se opuso,
ella estaba fuerte y podía con todo, pero ante la decisión de Gorka, aceptó la
propuesta.
Tras la selección de personal decidieron
contratar a Michel, una persona que tenía un buen curriculum en materia
comercial, además de sus estudios de empresa y marketing. A sus 40 años mostraba muchas ganas por el puesto ofertado.
Susanna no se imaginaba con su mente positiva
que ese iba a ser su calvario, a partir de ese momento las cosas iban a cambiar
en esta empresa de hombres, donde solo había aseos para el sector masculino, y
las reuniones o decisiones solo iban en una línea.
Cierto que en esos años ella había ido a
comidas y actividades, siendo todo cordialidad y respeto entre los compañeros,
incluyendo al propio jefe Gorka, al que había apoyado en momentos difíciles de
su divorcio, y reciente enfermedad. Eran una gran familia, cada uno en su puesto.
Michel, tras un tiempo como colega cercano, empezó con faltas de respeto y
desconsideración hacia Susanna, cantaba en el puesto de trabajo desconcentrándola. Susanna trasladó sus quejas al jefe. Todo siguió igual.
Ella se ponía nerviosa con esa actitud de su
compañero, y le tocó decirle que era su jefa superior y que cesara en su
actitud. Pero fue inútil, aún así Michel un día se encaró con ella y levantando
el puño en actitud violenta le dijo “estás loca, voy a por ti”.
Susanna no daba crédito a la situación. Gorka
escurría el problema, y ella lo comentaba con otros compañeros del
departamento, pero solo obtenía el silencio. Le llamaba la atención la
indiferencia del jefe, su pasividad ante un problema que era evidente, máxime
con los años que se conocían.
Un día ya no pudo más, nadie le daba solución. Tuvo una
crisis de ansiedad y se fue sin decir nada, directamente al médico del
ambulatorio, extendiendo la baja laboral. Fue Patxi el que la llevó al trabajo
y le pidió explicaciones al jefe, pero este le dijo “todo se va a solucionar”.
No recibió ni un solo whatsapp de Gorka interesándose
por su estado. A la semana fue Nuria, la ex de Gorka, psicóloga, la que se ofreció
a mediar en el conflicto. Susanna accedió a ir a la empresa. La conclusión de
la reunión fue que debía reconocer que la culpa era de ella, y volver al
trabajo, una solución a un malentendido de las partes.
Era inaudito, una mujer que no entendiese lo
que le estaba pasando, ese acoso de un compañero en el trabajo . Su decisión
bloquearlos en el wasap, y acudir al centro de salud. El médico viendo la
situación le indicó a Susanna que debía denunciar o rendirse, la cosa era
evidente. La rendición era perder todos los derechos y ganaba la otra parte. Ella debía decidirse.
Le costó tomar la decisión, pero sabía que no iba a volver. Presentó denuncia penal y demanda laboral. Gorka estaba asustado por su posible imputación.Hubo un acuerdo y aunque ella cobró una sustanciosa indemnización, a Susanna le dejó un mal sabor aquella decisión.

Toda una amazona, soberbia, inmensa con gran carácter YOICO, a veces un la autoestima inflada puede llevar a síntomas narcisistas que implican duelos y retos con compañeros. Pobre S, donde vaya repetirá esquema....buen relato cómplice
ResponderEliminarMuchas gracias por su valoración. Interesante la percepción que realiza de la protagonista, que vivía un drama importante.
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