Turismo de Garrofera

 

Alfredo nació en 1947 en Altea , era el benjamín de siete hermanos. Así lo narraba él, diciendo que había viajado por todo el mundo. Con los 74 años que tiene hoy hace esa revisión de sus vivencias.

Con unos estudios muy elementales, y un padre con muchas responsabilidades familiares, aunque su madre lo protegiese, no había solución, porque las decisiones las tomaba el cabeza de familia, sobre todo en materia de economía doméstica.

Tras cumplir con el servicio militar en Cartagena en la marina, sin intención de engancharse al servicio de las fuerzas armadas, por lo que volvió a su pueblo para seguir con su familia.

Su padre había contactado con unos pescadores de la cofradía de pesca de Calpe. Siguió sus indicaciones y llevó a Alfredo al puerto de Valencia. Lo embarcó en la marina mercante, casi para olvidarse de él. Una boca menos que alimentar, pensaba. Fue dura la despedida de su madre, porque la quería mucho. No podía decir lo mismo de su padre que se comportaba de manera ruda e inhumana.

Con otros dos hijos había ocurrido algo parecido: una hija entró de monja con las hermanas del Rosario, y otro entró de militar elemental en la infantería. Gracias a esas colocaciones podía ir sacando adelante a la familia.

Alfredo, una vez embarcado en Valencia se olvidó de que tenía familia, solo iba a viajar por mar, cosa que ya conocía por haber nacido en Altea, pues tenía algunos amigos de la infancia con los que conocía el mar de cerca.

Inició su periplo a bordo del buque TORRES DE SERRANOS, que durante un tiempo sería su nueva casa. Llevaban naranjas a Suecia desde Gandía, y desde allí traían madera a España. También viajaban a Angola a por café, y a Inglaterra, sin parar por varios continentes. Transportaban la sal de Torrevieja hacia el norte de Europa. Mucho trabajo, muchos tiempos, excesivos esfuerzos y remotos recuerdos que retumban en la mente de Alfredo.

En esas circunstancias, Alfredo se dedicaba solo a su trabajo, pero de esa forma aún tenía tiempo de una vez al año poder ir a su pueblo, donde pudo buscar una pareja en Amalia. Era una chica que vivía en la Calle Mayor de Altea,  a la que le dedicaba muchas cartas desde todas las partes del mundo. Alfredo se enamoró de una chica guapa y de buena posición en el municipio. Fue una etapa muy bonita la del enamoramiento con su chica, de familia bien, para que le diese estabilidad el día de mañana y le pudiese sacar de ese mundo de largos y aventureros viajes por mar.

Ella era una morena al estilo de Romero de Torres, de la que estaba totalmente prendado. Una mujer alta, de pelo largo y tez café. Llevaba consigo una foto dedicada por ella,  que no dejaba de revisarla diariamente.



 
Amalia le dio los mejores años de su vida, además de dos hijas que eran la felicidad del matrimonio. Fue su mujer la que se encargó de la crianza y educación de las hijas, hasta que él puso fin a sus viajes internacionales.

 

Ahora desde la etapa de jubilado recordaba su vida, su trayectoria vital. Tenía un terreno agrícola con el que se entretenía en ocasiones. Además, junto a su mujer pudo agrupar tres viviendas que tenía arrendadas, y que le ayudaban en la justa pensión de jubilación.

 

Le había dado estudios a sus dos hijas que se dedicaban a la farmacia y a la odontología. Estaba satisfecho a pesar de su esfuerzo vital, de su trabajo, de su maltrato por su padre.

 

“La vida enseña con la experiencia, y lo más importante es la salud”. Esas eran las máximas que desde su terraza propagaba en ocasiones con algún turista ocasional.

 

Orgulloso de lo que la vida le había dado, ahora desde la distancia podía saborear el crecimiento de sus hijos y nietos, aunque su amada Amalia ya hace unos años que falleció

 

Todos días del verano veía pasar muchos turistas por debajo de su vivienda en la calle Mayor de Altea, en lo que él se atrevía a calificar como turismo de garrofera, o lo que es lo mismo, turismo por unas horas, que es lo que dura visitar el casco antiguo de Altea, cuyo entorno es precioso.


Alfredo desde su balcón veía en perspectiva toda su vida y su trayectoria personal, expresando su filosofía vital. Estaba satisfecho de llegar a esa edad con los deberes cumplidos viendo crecer a sus nietos y progresar a sus hijas.

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