CHILOÉ
Nací una mañana de verano, a principios de una década marcada por importantes cambios y grandes avances para la humanidad.
Mis padres, Juan Francisco y María de los Angeles , me llamaron Raquelita, era la más pequeña de los hermanos, tenía dos mayores, los que fueron muy buenos y protectores conmigo. Pero en breve plazo dejaría de ser la más pequeña, pues mi madre pronto daría a luz a su cuarta hija, la que nacería en un lugar lleno de encanto y mitos, más abajo sabrán dónde.
Fueron años en que la radio era el medio de comunicación masivo, aún no llegaba la televisión al país , pero todos de norte a sur estaban informados de todo lo que ocurría.
Eran tiempos en que se compartía en familia, todos se reunían en torno a la mesa y se conversaba, ahá , y nos mirábamos a la cara, no como ahora, que cada uno está en su habitación y conectados a sus ordenadores o móviles con Instagram, WhatsApp o Facebook.
Mi padre trabajaba a lo largo del país y muchas veces nos vimos en la obligación de cambiar de residencia.
El país es tan hermoso, con el mar pacífico de norte a sur, y su imponente cordillera con todos los climas que te puedas imaginar, norte con su clima desértico, acantilados costeros, el altiplano, sus salares y sus grandes minas de cobre.
La zona centro se caracteriza por un clima más intermedio, más templado, aunque con el cambio climático, el desierto se ha ido acercando a grandes pasos. Es una importante zona agrícola, donde se cultivan principalmente cereales, legumbres, hortalizas y frutales. Sin dejar de lado sus viñedos, la cepa carménère es la marca registrada de los vinos chilenos. La cepa proviene originalmente de la región francesa de Médoc, pero la especie fue exterminada en Europa por un insecto llamado filoxera en el siglo XIX.
Santiago es la zona cero del país, desde donde claves tus ojos verás la inmensa Cordillera de los Andes. Tienes cerca el mar y la montaña a poco más de una hora. Es un espectáculo ver salir el sol por la montaña y contemplar cómo se pierde en el crepúsculo, por el horizonte, en el mar.
La historia que les relataré más adelante proviene del sur del país, zona hermosísima, muy lluviosa gran parte del año, clima bastante frío, por lo mismo sus parajes son intensos e imponentes, verdes muy vivos, fuertes y energéticos. Le sigue acompañando la Cordillera de los Andes. En la zona sur se encuentra la minería de carbón, petróleo y gas; la ganadería ovina; las industrias alimentarias y textiles derivadas de la ganadería; y la pesca industrial para exportación.
A esta zona llegamos a vivir, específicamente a Chiloé, tierra de mitos y leyendas, dicen que ahí viven bruj@s. Mi padre nos contó que en 1880, el Gobernador Martiniano Rodríguez decidió llevar a juicio a la Sociedad de bruj@s, todos le decían "La Mayoría". Creen que llegaron a Chiloé a principios del siglo XIX, dominaban a la gente a través del miedo. "La Mayoría" era una institución que surgió de la necesidad de ordenar la hechicería en el archipiélago, eran muchos los llamados "funcionarios de la organización” que formaron la que se parecía a la del Estado chileno.
Se autodenominaban como tribunal de la raza indígena, su dominio se extendía a gran parte de la población campesina del archipiélago, la que presentaba ante ella sus demandas. Éstas generalmente se relacionaban con sanaciones y denuncias de brujería, ante las cuales la “Mayoría'' decretaba sentencias que podían ir desde el exilio hasta la muerte del brujo. Pronto desaparecerían, pues los acusaron de asociación ilícita.
Pero las historias que cuentan permanecen hasta hoy y son - muchas de ellas - terroríficas. Vivíamos en unos palafitos, que son casas que están sobre el agua. En invierno es un verdadero espectáculo, el agua llega casi a tocar tus pies.
Yo era aún pequeña, pero hasta hoy, recuerdo a esa mujer, con rostro ovalado, pálido y circunspecto, ojos concentrados y despiertos, de boca pequeña y labios estrechos. Las líneas de su cara evidenciaban una existencia castigada por el rigor del clima y la vida, de aspecto receloso, vestía ropas negras, un chal de lana sobre sus hombros y su cabeza estaba cubierta con un pañuelo. Tenía una voz profunda, o tal vez a mí me lo parecía por el miedo a mi corta edad.
Ella había ayudado a mi madre a dar a luz a mi hermana, en Chiloé no había Hospital ni personal médico para atender el parto que fue muy complicado y la pequeña niña se debatía entre la vida y la muerte.
Esta mujer -cuyo nombre no recuerdo -, no se separó de ellas hasta que estuvieron recuperadas. Mi padre y hermanos estaban de viaje, y yo era demasiado pequeña para tan grande responsabilidad, reconozco que durante mucho tiempo viví aterrada, siempre a sobresaltos y ya comprenderán el por qué.
Vivíamos casi en penumbras, tan sólo iluminados por las velas. Bebiendo mate, que es como un té verde amargo, y ahí estábamos sentadas las tres, alrededor del fuego. Entonces aquella mujer, comenzó a relatar una historia que para ella era verdad.
Nos preguntó si habíamos escuchado algo del Invunche o Imbunche o Machuco, no recuerdo bien el nombre, pero sí recuerdo que ella dijo que así le decían a una criatura deforme manejada por los brujos de Chiloé.
El Invunche tiene la tarea de resguardar la entrada a la cueva de los brujos, siendo -también- usado como herramienta para represalias o maleficios.
Según lo que nos contó, para crear un Invunche los brujos deben secuestrar a un niño primogénito de menos de 9 días, al cual deben deformar, aplastando y doblando su cabeza; torciendo sus brazos, dedos, nariz y orejas; pegando una de sus piernas a la nuca; y partiendo su lengua para que parezca la de una serpiente. También lo deben alimentar con leche de gata negra y con carne humana.
El Invunche es una criatura de vida corta, el cual solo deja pasar a la cueva de los brujos a quienes conocen el santo y seña y le hacen una reverencia.
Yo rezaba y rezaba para que no fueran a secuestrar a mi pequeña hermana recién nacida, era tanto lo que me impactó la historia, que nunca reparé en que habló de un primogénito y mi hermana ocupaba el último lugar de cuatro hermanos jajajajajajaja.
Hay más historias, incluso una relacionada con un español de apellido Moraleja, pero eso será para otro día...
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