Sexo en las aceras
SEXO EN LAS ACERAS
Bajo a dar una vuelta, a estirar las piernas, para que el
cuerpo no se acomode en mi vivienda. Inicio la salida de casa en dirección al hotel
más cercano, y llega a mi mente una hipótesis: ¿Y si fuese verdad que estuviese
subiendo a una habitación del hotel, para tener un encuentro sexual cálido y
lento?.
Empiezo a pensar en cada paso que doy. Subo en el ascensor, depende del piso donde situemos la habitación de sexo. Seguimos caminando, llego a la puerta de la habitación, llamo con los nudillos, sin timbre, la contraseña establecida.
Camino por la acera y me cruzo con otras
personas: obreros que terminan su tarea de reformas en casas, personas que
pasean al perro, madres con los hijos que los recogen de las actividades
extraescolares.
Me presento delante
de mi pareja en la habitación, (¿Deborah?.¿Walter?) sin preámbulos nos abrazamos y nos besamos. Es guapa y muy perfumada. Noto cierto nerviosismo en mí pero ella no, todo lo contrario, está
suelta. Lleva un vestido por encima de la rodilla y media manga. Medias negras. Zapato con tacón alto de aguja. Mi mente sigue comparando esa caminata con mi
otra posición en la habitación del hotel.
Un autobús se para y
recoge a viajeros. Aún es de día, la gente va buscando volver a sus casas.
Ahora unos chavales me adelantan por la acera con el equipo de entrenamiento, son
del colegio del barrio. Las aceras combinan motos estacionadas y árboles en su paisaje urbano.
Ella, la rubia de la habitación, me invita a
tomar algo de la nevera de la habitación, pido un whisky solo. Me invita a
ponerme cómodo y que me quite la corbata y la chaqueta. La tele está puesta, hay una película penosa y aburrida. Ella propone apagarla y poner música,
acepto. Se toma una copa conmigo.
Veo a los jubilados
en la heladería de la esquina, suelen estar todas las tardes, dudo si alguno
será el propietario por esa vinculación con ese lugar y esa ubicación. Siempre tienen una conversación animada.
Pienso que en ese
tramo ya me ha sacado a bailar pegados después de dos sorbos de whisky. Baila
muy bien y se mueve mejor. Huele de impresión. Me parece que me estoy
empalmando. Me dejo llevar.
Ahora veo las
terrazas llenas de gente, amigos, vecinos que quedan para comentar las cosas
del día. Mosquitos encima del mantel blanco del restaurante chino. El destello verde del anuncio de la farmacia de enfrente. Gente cargada con bolsas de la
compra.
Empieza a insinuarse, a palpar mi miembro, tiene
las tetas duras y erectas, me come el cuello. Su lengua en mi oreja me activa.
Y ahora debo pararme
en el semáforo de peatones. Justo ahora que ella me lleva a la cama, me da un
leve empujón, caigo de espaldas, y ella empieza con un baile sexual a hacerme
un striptease, se quita levemente la ropa, la habitación está casi a oscuras,
menos las luces de la mesita de noche. Su pelo es largo, le cuelga por la
espalda. Sus labios carnosos son rabiosamente rojos.
Bajan unos vecinos
con la bolsa del reciclable para llenar ese contenedor ecológico. Salen otros
que buscan un taxi en la acera mirando a la calle por si pasa alguno. Motos con un ruido infernal tras el semáforo en verde.
Ella me empieza a quitar los zapatos,
calcetines, el cinturón, la camisa, me deja en calzoncillos. Creo que no voy a
poder tener sexo con ella, pues estoy llegando de vuelta a mi vivienda, y las
ideas se van parando. Una pena que esta rubia me deje casi en pelotas y no haya
más recorrido por caminar. Saco la llave y me pongo la mascarilla para el
ascensor. A casa.
FIN
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