Sin prisas
No había forma de eliminar un silencio tan cruel, una ausencia que todo lo asediaba, se sentía desconcertado, ofuscado, confuso. Llegaban en esos momentos, de forma sigilosa, los recuerdos, los buenos recuerdos, todos eran buenos en esa relación abierta de amistad inmensa entre ellos.
Estuvieron juntos durante varias temporadas, colaboraban en trabajos específicos, pero había algo más que mero trabajo. Había nacido entre ellos una enorme atracción desde el primer momento. Tan sólo fue escuchar la voz de ella al otro lado de la línea telefónica y quedó encantado, así es que el encontrarse le causaba gran ilusión.
Ella recuerda cuando fue a recogerlo a la estación del AVE, sólo se conocían a través de las reuniones que habían sostenido vía zoom , tenían un proyecto en común, una tarea importante, con la que iban a avanzar en el desarrollo de la empresa, proyecto a largo plazo. Estaban felices por eso, y porque se había colado entre ellos , el deseo de compartir y conversar.
Raquel estaba nerviosa, no sabía qué esperar ni cómo reaccionar. Había soñado este momento por mucho tiempo . Iba vestida , con unas botas marrones y unos jeans ajustados. Su melena oscura, caía suavemente sobre sus hombros, sus ojos marrones iban perfectamente maquillados, su aroma era exquisito, su perfume era agradable y sensual, olía suave a vainilla, rosas y jazmín . Llevaba un bolso de YSL, tamaño medio. Le gustaba mascar chicle para cuando se sentía nerviosa.
Años más tarde, recordaría aquel día, con ese primer encuentro, con esa primera mirada, la reconoció de inmediato entre mucha gente y no se pudo reprimir, no se pudo contener , tan sólo verla aceleró su corazón y se dirigió presuroso a abrazarla y besarla . Aunque ella - anteriormente - le advirtió de que si había algún conocido, se tocaría la nariz y así lo estaba haciendo, pero Eduardo no reparó en aquella contraseña, fue una avalancha de sensaciones y emociones que lo estremecían por completo.
Ahora sólo abrazaba su recuerdo y quedaba el abandono. La distancia y el abismo que había entre ellos, después de acabar ese proyecto profesional que no pudo estirar más. Sólo quedaban las risas y los buenos momentos que tuvieron entre ellos. Cerrar los ojos y pensar en las cenas y los paseos , junto con los ratos de relax, en las excursiones y los bailes que disfrutaron juntos alguna noche para celebrar los éxitos en el avance con los clientes .
Todo era maravilloso, sorprendente, extraordinario, alegría por todas partes y en todo momento. Trabajar juntos era algo asombroso, había mucha sintonía entre ellos. Raquel parecía que leía su pensamiento y le seguía muy bien su ritmo de trabajo.
Ahora estaba en el aeropuerto , donde en alguna otra ocasión llegó Eduardo con su traje azul, abrigo y mochila , sus gafas de sol , siempre casual, pero elegante, zapatos planos , muy bien conjuntado, el pelo corto, con alguna que otra cana incipiente que hacía resaltar más sus ojos verdes.
Eduardo miraba el reloj, una y otra vez, con un grado de ansiedad, no esperaba a nadie, sólo buscaba dañarse interiormente , quería comprobar, constatar cómo se percibe el desamor , la ausencia, la distancia y el olvido.
Pensaba si no hubiese ocurrido aquel día, si no hubiese sucedido jamás esa llegada en AVE . Viendo a la gente en la cafetería, escuchando por los altavoces, los anuncios de salidas y llegadas. La ilusión de las partidas o de los encuentros familiares y de pareja, ejecutivos de corbata y maletín. Turistas con varias maletas en el carro, sin que les cueste empujar ese peso, pues los conduce la emoción . Están los conductores con su cartelito que esperan a los turistas, con viaje concertado, que se conocen entre ellos y comentan cosas.
Eduardo observa aparecer a los pasajeros recién llegados de París, es un vuelo puntual con muchas personas , familias y pocos niños, es pronto , son las 10 de la mañana. A algunas personas se les nota el cansancio, quizás hicieron trasbordo desde otro viaje trasatlántico. Algunas preguntan al personal del aeropuerto sobre los coches de alquiler o sobre el metro, los más jóvenes.
Los taxistas todos preparados para cargar a los que acaban de llegar a la terminal y esperando una buena carrera a un municipio lejano. Echando las maletas en el auto.
Pocos son los autobuses que hay de viajes de grupo. No es la hora para este tipo de personas. Hace fresco fuera de la terminal , tal vez 12 grados , pero eso le da un aire diferente a esa espera.
Eduardo la recuerda , baja la cabeza y repasa el móvil . Observa las fotos que tuvieron en esos momentos de felicidad , que fueron muchos. Esos besos y abrazos infinitos , fotos, espacios y tiempos compartidos. La vida de por medio fue testigo de esa amistad. Algunos recuerdos le hacían sonreír, como cuando ella se iba y corría para despedirse antes de embarcar, como si fuera una película romántica. Antes de bajar las escaleras ella lo buscaba y él seguía en la cafetería esperando verla por última vez, no se escuchaban, todo eran gestos. Ella lo besaba a través del cristal y él le correspondía avergonzado por sentirse observado por la gente, pero tampoco se negaba.
Suena en la radio de la cafetería una canción favorita de la pareja, que la habían cantado juntos tantas veces y bailado otras tantas...
Trampa que no mata, pero no libera
Vivo muriendo prisionero,
Mariposa traicionera.
Todo se lo lleva el viento.
Mariposa no regreso.
Ay, mariposa de amor,
Mi mariposa de amor"
Se pide un café largo, con la excusa de poder escuchar las conversaciones de los vecinos que se van volando o esperan la llegada de otros. Abundan los viajeros que hacen tiempo para volar. Se despiden narrando los días que han disfrutado juntos .
Es precioso poder tomar un café sin prisas y observando un cuadro vivo ante ti de lo que es la felicidad en estado pleno . El reencuentro de los amigos y familiares, la llegada por fin.
La relajación ante ese placer mundano del café y la observación bajo la proximidad a los que son o han sido felices en su estancia hace que sean las 8 de la mañana , "riiiiiiiingg" y nos jode el cuadro perfecto el puto reloj despertador que nos dice : “ ala que la vida continúa y no sabes lo que te depara el futuro…”
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