Tareas confusas

 La han sacado de la cama por una llamada de la agencia para la que
trabaja. Comparte una habitación con su madre en un barrio marginal
de la ciudad. Se pone en marcha para no llegar tarde al lugar.
Desayuna muy ligera, y se viste más bien elegante, con su mochilita
y su bolso de mano. El móvil es elemento de trabajo. Y sale a buscar
el bus que la acerque al centro.

Cyndi es una chica colombiana, de 35 años, de unos 1,68 metros,
rubia teñida, con el pelo liso. Lleva una camiseta negra, y unos
pantalones de cuero ajustados. De zapatos unos tacones con
plataforma.

Baja del bus, y ve que le quedan 5 minutos, está llegando al hotel. Se
detiene en la acera. Se apoya en el muro del parquin del hotel, en la
esquina inversa. Son pocos los transeúntes que pasan por la acera.
Los coches ni se fijan en Cyndi. Ella está acalorada, por eso se hace
aire con la camiseta. Se recoge el pelo con una goma, para hacerse
una coleta. Se quita la mascarilla, se pinta los labios con un espejito
chico, luego repasa las pestañas.

Saca los complementos de bisutería, y se coloca los pendientes,
pulsera y colgante. Además del reloj blanco de muñeca.

Su objetivo es llegar a la habitación 453 del hotel. Desde la agencia
le dijeron que no se detenga en la recepción del hotel y que la están
esperando en esa habitación. Que no haga muchas preguntas, pues
es un buen trabajo.

En la puerta un taxista se percata de ella y la reconoce por el tatuaje que lleva en el brazo derecho. La recuerda en el aeropuerto; sabe que es ella, ahora sin las maletas. La sigue con la vista para ver su dirección, hasta que pierde su referencia.

Accede al hotel como otras varias veces, se conoce el trayecto. Desde el mostrador de recepción la miran, pero ella se va hacia el fondo, donde se confunde con los clientes alojados en la hora del desayuno.
En la zona de ascensores observa muchos ancianos y los ascensores
llenos con mucho revuelo en las conversaciones. Es hora de subir al
cuarto piso.

Sale del ascensor y busca la habitación que está en el ala derecha,
zona más tranquila y con menos tráfico rodado. Antes de tocar el
timbre de nuevo se estira la camiseta y se revisa el pelo. Ya no está
sudando.

Toca el timbre y en breve sale una chica de unos 42 años, rubia de
1,72 metros, en ropa cómoda, se escucha la televisión enchufada y
ella con el ordenador encendido.

Se saludan y se presentan. Daniela la hace pasar a la habitación, que
tiene dos ventanas y dos camitas, junto a la mesa de trabajo y mesa
centro con un par de sillas, armario corrido de espejos, y una
televisión de plasma de lo más reciente. Dos mesitas de noche y
varias luces muy íntimas.

El baño es funcional, necesita una reforma. Tiene una bañera con
ducha, Bidet y los toalleros, junto a dos lavabos unidos. Todo de
mármol, y con música en el mismo. Se oyen las voces de los vecinos
en sus baños, y hasta llega el olor a humo; suelen fumar en esa
dependencia.

Cyndi necesita este trabajo, pues no tiene nada más, quiere traerse a
su hijo Nicolás, que está en Cali, y desea con todas sus fuerzas poder
agruparlo, aunque la habitación con su madre es muy reducida.
Cindy está rellenita al estilo de las musas de Botero, y lo lleva muy
bien. Es un estilo de vida asumido en Colombia, con toda naturalidad.

El aire acondicionado está conectado, hay buena temperatura en el
local. Daniela le ofrece algo de beber de la nevera a Cindy, que está
con gusto aceptó por estar sedienta tras la carrera que se acaba de
dar.
Realmente el trabajo le gusta, además, sabe desenvolverse muy
bien, el trato justo con la gente. Aplicarse a su objetivo y cumplir con
las exigencias del momento. Lo ha venido haciendo desde hace
mucho tiempo, y no necesita de ninguna colaboración. Lo asume con
sus pros y contras, no le queda otra opción.

Daniela la invita asentarse y ponerse cómoda. Mientras atiende a una
llamada que le entra al móvil, Cyndi observa el resto de la habitación, las cortinas, el parket, el armario, y repasa disimuladamente la vestimenta de la ocupante. Habla en italiano en una conversación de ella no comprende en absoluto. Termina y cuelga y le dice:

¿Llevas mucho tiempo trabajando en esto?, ¿conoces la tarea?,
disfrutas con ello?, sabes que en cualquier momento puedes irte a la
calle, sin más. ¿te han explicado las condiciones? Hay varias plazas,
pero candidatas me sobran una barbaridad.
..”

Daniela le dice que el pago lo harán en efectivo, porque las
condiciones son esas, y que el horario varía en función de las
necesidades, que debe tenerlo claro a la hora de aceptar la oferta.
Cyndi sabe que debe trabajar mucho, y que se producen a veces
lesiones leves en algunas partes del cuerpo, pero que lo asume por el
fin último que es tener plata para traerse a Nicolás con ella y con su
madre. Ésta es conocedora del trabajo y las condiciones, y le dijo que
no lo dude, y que averigue si la aceptarían a su mamá también , aunque sea algo mayor, sabe moverse bien.

"Disculpe Sra. Daniela, pero debo advertirle que a pesar de nuestros
medios limitados somos unas personas honestas y muy cristianas,
quede claro de antemano."
"No le entiendo muy bien lo que me alega, amiga. Realmente me deja usted descolocada con esas expresiones."

"Mire, nuestra religión nos prohíbe ejercer la prostitución, eso es lo
que le quería dejar claro, antes de seguir adelante con las
condiciones, pues parece que usted indicaba cosas algo confusas que no lograba entender bien."

"Relájese Cyndi, nuestra empresa es una que ocupa trabajo temporal y es en este hotel justamente donde necesitan empleadas de
habitación, para la limpieza. El puesto es suyo si le interesa".

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