Un infierno de emociones

 

Eran novios desde los 17 años, ambos vecinos en Donetsk al sur de Ucrania. Se conocían de toda la vida, pues incluso compartieron la escuela, aunque en cursos distintos. El era cuatro años mayor que ella.

Los dos eran altos, rubios y manifestaban una buena relación a la vista de todo el mundo en su entorno.

El frío en Ucrania era tremendo con esos inviernos bajo cero, ese viento gélido, aunque en rigor, hacia el sur, aumenta un poco, pero siempre bajo cero.

 La actividad laboral era casi inexistente en determinadas zonas ; no nadaban en la abundancia, todo lo contrario. La situación se veía agravada por el alcoholismo hacía estragos en la sociedad para combatir el frío y la penosa situación económica.

Algunos amigos se habían trasladado a vivir a España y les llegaban noticias que iban saliendo adelante con trabajo y generando  ahorros. Eso les motivó a hacer planes con sus familias y decidirse a dar ese paso para salir de Ucrania juntos y ver mundo, poder progresar y tener una familia. Quizás en su día volver a Ucrania con dinero y montar un negocio.

Sus amigos se dedicaban a transportar mármol a su país desde España, para lo que habían llegado a contactar con el propio gobierno corrupto de Ucrania, que no les puso ningún reparo, siempre a cambio de la correspondiente mordida.

Ahí es donde Sebastian entró en contacto con sus amigos de España. Ellos se encargarían de guiarlo en la búsqueda de trabajo y de alojamiento.

Anastasia se despidió de su familia, y marchó ilusionada junto a su pareja de siempre en busca de un mundo mejor, un aliciente a su limitada posición económica.

Ambos encontraron pronto trabajo en tareas como camarera por parte de Anastasia , y camionero por parte de Sebastian. Iban haciendo una vida normal, e incluso decidieron tener descendencia. 

Anastasia quedó embarazada , la vida iba sin sorpresas, pero su marido tenía unas actitudes algo violentas de un tiempo a esta parte.

Esa violencia encubierta era conocida por los padres de Anastasia, que no recibieron de buen grado la noticia del embarazo de ella.   Su padre le dijo sin reparos “ Debes abortar Nadia, no tengas familia con tu marido”.

Ella no le hizo caso a su padre, pero siempre iba a recordar esas palabras tan proféticas. Su padre sabía que Sebastian había tenido algunos incidentes con la policía de Kiev, y nunca fue tan directo en sus consejos hacia su hija porque la veía feliz. No quería quitarle ese bienestar del que disfrutaba.

Fue en  un  bar de carretera en Cuenca donde él tuvo una pelea fuerte . Una discusión derivó en unas lesiones graves hacia otro conductor, y tuvo un juicio con condena leve, pero le supuso el despido en la empresa de transportes. Veían una actitud poco recomendable, y le pusieron una excusa creíble para quitárselo de encima.

A partir de esa situación y con el niño con tres años, Sebastian empezó con sus amigos del mármol a hacer trabajos ilegales de forma esporádica que le servía para ir tirando. Conoció ese mundillo también en el gimnasio al que iba, y empezó a cultivar cannabis en naves como negocio compartido inicialmente, para luego independizarse. Ganaba mucho dinero, pero su violencia había ido a más, máxime en ese  entorno ilegal, toda fuerza bruta era poca.

Llegaba a casa cada vez màs tenso y violento. Con el paso del tiempo cualquier cosa le molestaba; le prohibió que trabajase en la cafetería, porque él era el hombre de la casa y ella debía dedicarse al hijo y a sus tareas domésticas. Fue la primera discusión fuerte que tuvieron con gritos y golpes por la casa.

Anastasia llevaba a Iván al colegio y se dedicaba al hogar como impuso su compañero sentimental. Pero el niño cada vez percibía la evolución de la pareja. La psicóloga del colegio advirtió a la madre de los cambios del pequeño recientemente y que dieron la voz de alarma.


Sebastian no tenía horario en su trabajo, llegaba a casa a horas extrañas debido a la ilegalidad de su tarea, de los repartos del cannabis, y de sus contactos en el gimnasio.

Un día volvió la discusión en casa pues ella expuso el asunto del colegio de Iván, cosa que no admitió el padre, para él eso eran bobadas de la escuela. Ella insistió que debía cambiar y tener un horario más ordenado, que beneficiaría al pequeño en su evolución.

 En ese momento, además de los gritos, había procedido a cogerla del pelo y del cuello, arrastrándola por el pasillo de la casa, le dijo en su idioma “ Haces lo que yo diga y déjate de tonterías. Me obedeces y punto. No me calientes la cabeza que te pego una paliza que te reviento”, dándole un empujón y cayendo al suelo, todo con la presencia de Iván.

Ahora se acordaba , mientras lloraba desconsolada, de las palabras que su padre  le  advirtió sobre el aborto de Iván. Ya eran muchas las veces que sufrió la violencia física y psicológica. Esa noche se refugió en la habitación del pequeño, éste le dijo al verla tan mal “  Mamá ¿porqué aguantas que papá te haga eso?”. Y esa frase fue el final, fue el revulsivo  pues  había tocado fondo, decidió poner fin a la relación. Debía salir de ese infierno de amenazas y lesiones disimuladas. Superar las patadas, puñetazos e insultos que había recibido, propios de la cultura que había dejado atrás en su país.

A la mañana siguiente tras dejar a Iván en el colegio, se puso a llenar cajas con sus cosas. Quería marcharse de casa. Ya tenía tres cajas empaquetadas, cuando sin avisar Sebastián se presentó en casa. Sorprendido ante la escena le gritó fuera de sí ¿ Qué coño haces? ¿Dónde te parece que vas a ir?. Estaban en el comedor de la vivienda, ella dijo que no lo soportaba más, era el límite. Y él la cogió, sin decir más palabras, la golpeó con patadas por el cuerpo, con toda su fuerza ante la delgadez de ella, la lanzó tres metros contra un mueble, golpeándose la columna contra una mesa, quedando inconsciente tendida en el suelo.

Después de pasar por el hospital, con Sebastian detenido , y ella casi con la espalda partida, salvada gracias a una prótesis ,el Juzgado le impuso una condena al marido y la obligada separación con medidas sobre el hijo común.

El seguiría con sus negocios sucios, y su violencia no tendría fin. Los negocios seguían bien. Ella no le iba a tolerar nada respecto al niño ni con su persona. 

Anastasia seguiría durante un tiempo buscando protección, pues estaba abandonada y sin ayuda alguna.  Confiaba  en   un   futuro  mejor  junto  a  su  hijo.

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