A mi padre

 La guerra había terminado hace unos pocos años y aunque muchos intentaban rehacer su vida, otros decidieron aprovechar la situación para hacerse ricos a costa de los bienes escasos. Ese fue el caso de Francisco, un niño, y su padre Antonio.

Esta pareja había decidido entrar en el estraperlo de comestibles. Estaban conscientes de los riesgos que conllevaba, pero también de los grandes beneficios que podrían obtener si lo conseguían. Comenzaron comprando camionetas usadas, con las que transportaban los comestibles a los pueblos más cercanos en la zona de Granada. Con los ahorros de su trabajo, también lograron comprar una casa en la que vivir, y almacenar los víveres. Cada vez se atrevían a transportar más comestibles y, para evitar que fueran descubiertos, contrataban a niños para que fueran al volante. Esto, combinado con la oscuridad de la noche, les permitió pasar desapercibidos y evitar la vigilancia de la Guardia Civil. No obstante, con el paso del tiempo, su negocio empezó a obtener más notoriedad, al grado que se hablaba de ellos a sus espaldas. Esto suponía un gran riesgo para ellos, ya que cualquier chivato podía denunciarlos. Algunos conductores de la competencia fueron acribillados en las carreteras por los agentes de la benemérita. Un día, Antonio y su hijo Francisco salieron con su camioneta cargada de comestibles, como de costumbre, pero esta vez les esperaba una sorpresa. La Guardia Civil los había descubierto y no tardaron en empezar a perseguirlos. Antonio se dio cuenta de que no iban a lograr escapar y decidió intentar un último recurso. Se dirigió a un pueblo cercano y pidió ayuda al clero, pero su petición fue rechazada. En ese momento, Francisco y su padre se dieron cuenta de que estaban perdidos. La Guardia Civil los alcanzó y les ordenó que detuvieran su camioneta. Los dos fueron detenidos y se les confiscaron todos los bienes que habían adquirido con el estraperlo. También fueron acusados de delitos penales y tuvieron que pagar una multa. Después de un tiempo en prisión, Antonio fue liberado. Sin embargo, todos sus bienes habían sido confiscados y tenían que empezar de cero. A pesar de esto, Francisco y su padre Antonio seguían siendo optimistas. Sabían que habían hecho algo malo, pero también sabían que habían intentado salir adelante en tiempos difíciles. Esto los hacía sentir orgullosos de sí mismos y les daba la fuerza para seguir adelante. A partir de ese día, Francisco y su padre decidieron actuar de manera ética y legal. Empezaron a trabajar duro para recuperar lo que habían perdido y, con el paso del tiempo, lograron volver a tener éxito. Mientras tanto, la Guardia Civil continuaba persiguiendo a los estraperlistas. Sin embargo, esta vez tenían mucho más cuidado con la selección de sus víctimas. Nadie quería pasar por lo mismo que Francisco y su padre. A pesar de todo, padre e hijo no olvidaron sus andanzas en busca del enriquecimiento a costa de la escasez. Esta experiencia les había enseñado importantes lecciones sobre la vida y, de alguna manera, les había ayudado a llegar donde estaban.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Ni gitanos, ni murcianos, ni gente de mal vivir": el origen tergiversado de un dicho que aún hiere

HABITACIÓN 312 (PRIMERA PARTE)

Los gráficos del deseo