El profesor senior


 José se encontraba ahora en la última etapa de su vida laboral. Con 62 años, seguía aún trabajando como director de un instituto. Sus inicios fueron como profesor en un pequeño colegio de pueblo, y ahora se encontraba frente a esta institución. Había visto pasar los años, disfrutado de la docencia de sus alumnos y acompañado a muchos de ellos a lo largo de su carrera.


En aquel momento, mientras recorría los pasillos del instituto como era su costumbre, escuchó a una madre acompañando a su hijo, y reconoció su voz. Era una de sus antiguas alumnas, y eso le produjo una gran emoción. Se acercó a la madre para saludarla, y le preguntó por el joven que acompañaba. La madre le contó que el joven era su hijo, que acababa de matricularse en el instituto.

José se sintió enormemente orgulloso de aquella ex alumna, que ahora estaba acompañando a su hijo. Recordó cómo la había visto crecer, desde que era una niña con muchas ganas de aprender. Pensaba cómo la había visto luchar por sus sueños, y cómo por fin conseguió alcanzarlos.

Ese encuentro con la madre , su antigua alumna, le hizo reflexionar sobre su vida. Comenzó a pensar en aquellos alumnos a los que había acompañado durante su carrera, en todos los profesores con los que había trabajado y también en las personas que había conocido a lo largo de los años. Se sentía orgulloso de la tarea desarrollada, y de haber dado la oportunidad a muchas personas de crecer y de mejorar.

Pero también empezó a sentir una mezcla de tristeza y de aceptación por el hecho de que, pronto, tendría que abandonar su tarea docente. Se encontraba en los últimos años, concluyendo su carrera laboral, y pronto tendría que jubilarse.

Sin embargo, en lugar de sentirse triste por el hecho de que pronto tendría que dejar su trabajo, se sentía feliz. Estaba contento de haber podido cumplir con su tarea, y de haber contribuido a que muchas personas pudieran tener una vida mejor.

Y aunque estaba extraño por el hecho de que pronto debería abandonar su puesto, también se sentía esperanzado y optimista por el futuro. Sabía que, aunque no estaría más físicamente presente, su trabajo seguiría teniendo un impacto en la vida de muchas personas.

Y así, mientras seguía recorriendo los pasillos del instituto, el profesor estaba plenamente satisfecho de haber podido cumplir con su tarea, y de haber contribuido a que muchas personas pudieran tener una mejor mañana. Se encontraba orgulloso y emocionado por todos sus logros, y por el hecho de que, a pesar de que pronto tendría que jubilarse, seguiría dejando una huella en la vida de muchos ciudadanos.

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