Militares jubilados


 


José era un hombre de mediana edad, militar del ejercito chileno, alto y fuerte, de cara dura. Fue reclutado cuando Pinochet tomó el poder, y desde entonces había viajado por todo el país en tareas de gran importancia, pero su verdadero trabajo era el de ser un esposo y un padre.

Él era un hombre con una gran agresividad, nula relación social, y una nula capacidad para expresar afecto. La relación con sus hijos era distante y fría, y su única hija, Teresa, se había rebelado contra él y se había ido de casa. Su mujer, María, se había visto sometida a las agresiones reiteradas de su marido, y se habían separado en dos ocasiones, pero ella siempre había vuelto, pensando, que a pesar de todo, él era su marido, y que ella dependía de él económicamente, por lo que nunca le denunció.

Todo esto había creado una fuerte tensión en el hogar, donde se vivían situaciones caóticas y de gran estrés. La relación entre los cónyuges era apenas una relación de temor y respeto, en la que José imponía su autoridad de manera violenta. María se mostraba sumisa y obediente a su marido, a pesar de que se sentía profundamente infeliz.

Su hija, Teresa, se había rebelado contra la situación, y había decidido marcharse de casa. José se sentía profundamente herido por el hecho de que su hija se hubiera ido, aunque no se atrevió a mostrarlo.

A pesar de esta situación, José seguía siendo un buen militar, cumpliendo con sus deberes de manera destacada. Su carrera militar seguía ascendiendo, y sus superiores le respetaban y admiraban. Pero en casa, seguía siendo un tirano, con escasa relación familiar.

María sabía que esta situación no podía continuar así por mucho tiempo. A pesar de que estaba profundamente atada a su marido, ella sabía que aquello no era una vida para sus hijos, y que tenía que salir de ahí antes de que fuera tarde. Y un día, después de mucho pensarlo, decidió tomar la decisión de marcharse y dejar a su marido.

Aquella decisión fue difícil para José. Se sentía perdido sin su familia, y su vida militar no podía llenar el vacío que habían dejado sus hijos y su mujer. Seguía con su carrera militar, pero no era lo mismo. Y, poco a poco, comenzó a darse cuenta de que la situación en casa no había sido la adecuada. Finalmente, entendió que el maltrato físico y psicológico que había infligido a su familia no tenía justificación.

A partir de ese momento, José comenzó a cambiar su actitud. Empezó a tratar mejor a sus compañeros y a buscar relaciones sociales. Y, aunque siempre le quedará el remordimiento de no haber sido un buen esposo y padre, un día, finalmente, reunió el valor para pedirle perdón a su mujer y a sus hijos.

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