Sabor a Café
Ella era una mujer atractiva, con una figura perfecta que destacaba entre los demás. La conocí una noche en una cafetería. La miré con deseo desde el otro lado de la sala, nos miramos el uno al otro y fue como si una corriente eléctrica nos uniera.
Nos acercamos sin dudarlo y nuestras bocas se unieron en un beso profundo y apasionado. Nuestras manos se deslizaron por el cuerpo del otro y nos besamos con un deseo insaciable.
En ese momento, decidimos que el café no era el lugar adecuado para nosotros. Así que salimos y nos dirigimos a mi casa, siempre de la mano y abrazados en ocasiones.
Cuando llegamos a mi casa, una amplia vivienda solitaria, comenzamos lentamente a deshacernos de nuestras prendas de ropa, tirándolas por todo el apartamento. Estábamos completamente desnudos, y nuestros cuerpos se deseaban el uno al otro.
Nuestras lenguas se deslizaron por todos los rincones de nuestros cuerpos. Las caricias eran sensuales, y cada beso que nos dábamos era cada vez más intenso.
Besamos cada centímetro de nuestros cuerpos, y la pasión aumentaba con cada toque. Nuestros cuerpos se movían al unísono, como si fueran uno solo. Los gemidos eran cada vez más intensos.
Nos entregamos con un deseo tan fuerte que fue imposible resistir. Nuestros cuerpos se movían con un ritmo tan intenso que nos llevó al clímax.
Nos abrazamos después de nuestro encuentro, con una felicidad inigualable. Habíamos compartido un momento tan intenso, que no queríamos separarnos.
Nos quedamos allí, abrazados, disfrutando de la calidez de nuestros cuerpos. Por fin habíamos encontrado nuestro momento idílico. Era el principio de nuestra nueva amistad.

Comentarios
Publicar un comentario