Tiempos de escasez


 En tiempos de posguerra, en medio de la escasez y la necesidad, Felipe junto a su mujer Andrea, desde la vejez, rememoraba aquellos momentos en los que se puso al volante por primera vez. Su padre, Sergio, un hombre rígido y autoritario, decidió adentrarse en el negocio del estraperlo, donde vio oportunidad de negocio.

Contrató a un conductor y se compró una camioneta para recorrer las peligrosas carreteras de la sierra de Granada durante las oscuras noches frías y prohibidas.

La Guardia Civil acechaba los caminos sin pausa y no dudaba en disparar a quienes no se detuvieran a su señal. A pesar del peligro que asumían, Felipe, con tan solo 7 años, acompañaba a su padre y al conductor en esas arriesgadas travesías. Para soportar el frío de la noche, llevaban mantas y botellas de brandy, incluso el niño llegó a probarlo en varias ocasiones animado por el padre.

Con cierta frecuencia, Felipe se puso al volante con la ayuda de un cojín, pues no lograba llegar bien al volante, y pudieron sortear situaciones difíciles con la Guardia Civil. El negocio prosperaba para su padre, Sergio, quien incluso adquirió otra camioneta en sus viajes por los pueblos de Granada en busca de aceite y víveres.

Sin embargo, no todo era gloria. En ocasiones, se enteraban de tiroteos mortales entre los conductores que traficaban con los alimentos básicos por los mismos caminos que recorrían. Aunque por el momento no les afectaba directamente, Felipe comenzó a resentir el brandy que había tomado durante esas frías noches.

El abuso del negocio en el contrabando, junto a los chivatazos de los vecinos, llevó a las autoridades a realizar los registros en su vivienda y a la detención de Sergio, confiscando todas las existencias de víveres y las camionetas. Felipe no compartía las acciones ilegales de su padre y veía apenado las situaciones de necesidad de sus vecinos con otros ojos.

Sergio intentó por todos los medios a su alcance, recuperar las camionetas y evitar multas a través de contactos de alto nivel, incluso con el clero de la capital, pero fue en vano. Toda su riqueza, que era mucha, se esfumó sin recibir ayuda alguna.

Esta experiencia fue una lección importante para Felipe. Aunque su vida quedó vinculada al transporte para el resto de su vida, no siguió estudiando en la escuela debido al maltrato y la férrea decisión de su padre. Obligado por él, se convirtió en conductor de los camiones familiares. Ello le supuso encontrar estrecheces económicas al depender totalmente de Sergio.

Así comenzó la travesía de Felipe, un hombre bueno marcado por su pasado y decidido a labrar su propio camino en el mundo del transporte.

Fue maravilloso ver cómo la vida de Felipe dio un giro positivo a pesar de los obstáculos que enfrentó. Con el tiempo montó su propia empresa, prosperó y reunió varios camiones, unido a su amplia experiencia, pudo superar los altibajos económicos y brindarles a sus hijos la oportunidad de recibir estudios universitarios, con una vida más estable.

 Junto a su esposa Andrea, octogenarios, ahora reflexionaban sobre la vida que habían llevado, las nuevas generaciones, los nuevos tiempos, y disfrutaban compartiendo esos momentos con sus nietos. A pesar de las crisis económicas, encontraron satisfacción en poder disfrutar de una vida plena junto a su familia.

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