Una confusión constante




Leydi, una chica colombiana de 33 años, de aproximadamente 1,68 metros de estatura, fue sacada de la cama por una llamada de la agencia para la que trabaja. Comparte una habitación con su madre y otros compatriotas en un barrio marginal de la ciudad. Se apresura para no llegar tarde al lugar, desayuna ligero y se viste elegante con una mochila y un bolso de mano. 

Su móvil es una herramienta de trabajo mientras busca el autobús que la llevará al centro de la ciudad. Viste una camiseta negra y pantalones de cuero ajustados, y lleva unos tacones de plataforma baja. A pesar de la llegada inminente del autobús, tiene 5 minutos de margen. 

Al llegar al hotel, se detiene, apoyándose en el muro del parking en la esquina, observando a pocos transeúntes que pasan por la acera. Los coches apenas notan su presencia. 

A pesar del calor, se recoge el pelo en una coleta y retoca su maquillaje utilizando un espejo pequeño, añadiendo complementos de bisutería, incluyendo pendientes, collar y un reloj blanco en su muñeca. Su objetivo es la habitación 453, donde la agencia le ha advertido que no haga demasiadas preguntas. 

En la puerta del hotel, un taxista la reconoce por un tatuaje en su brazo, recordándole el aeropuerto, pero ella sigue su camino sin maletas, perdiendo su referencia.

 Al entrar al hotel, evita la mirada de los empleados y se mezcla con los clientes en la hora del desayuno. Observa a muchos ancianos conversando mientras espera el ascensor hacia el cuarto piso. Una vez allí, se dirige hacia el ala derecha, donde está la habitación 453, una zona más tranquila y con menos tráfico rodado. 

Antes de tocar el timbre, se asegura de no estar sudando y arregla su ropa y pelo. Abre la puerta una chica rubia, con traje chaqueta azul, Daniela, italiana de 44 años. Se presentan y accede a la habitación luminosa. La italiana le ofrece amablemente: "¿quieres tomar algo fresco? Esta haciendo bastante calor hoy". Antes de que Leydi pueda responder, el teléfono de Daniela suena inesperadamente. Daniela contesta en italiano, mientras Leydi nota la expresión de confusión en su rostro y recorre con la mirada toda la habitación y se centra en la cadena italiana de televisión. 

 La preocupación se refleja en los ojos de la colombiana, pensando que este trabajo podría no ser lo que ella esperaba ante tanto lujo y elegancia. Se siente inquieta, pero su instinto le dice que puede ser algo turbio rozando lo ilegal.

 Finalmente, Daniela concluye su llamada y logra calmar la confusión de Leydi: "Esta oferta es para una empresa de trabajo temporal. Necesitan urgentemente personal para trabajar como camarera de piso en este hotel; si te interesa , el trabajo es tuyo.". Leydi se siente aliviada al escuchar la explicación de Daniela y asiente con una sonrisa: "!Claro que me interesa! Estoy dispuesta a empezar lo antes posible".

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