DAVID CONTRA GOLIAT: UNA BATALLA, UNA VIDA.
DAVID CONTRA GOLIAT.
Nunca imaginó que sería el asunto profesional que marcaría su vida, casi al final de su carrera. Una llamada de un cliente le abrió la pista: había una infracción en el mercado de la competencia en la compraventa de camiones nuevos. Su familia, relacionada con el mundo del transporte, se veía directamente afectada. Pronto se puso a documentarse sobre el asunto y comprobó la sanción de la Comisión Europea a los fabricantes de camiones en Europa por un sobreprecio en cada camión. Realmente era mucho dinero, pues había muchos camiones en esas fechas.
En 2017, se inició el proceso con una reclamación extrajudicial. Las dudas surgieron sobre dónde enviar esa carta o burofax. Después, necesitaban un perito, y sin conocer a ninguno, buscaron en internet. Contrataron a uno, sin mucha confianza, para probar con un solo camión, por si era una estafa. El perito les envió un informe extenso que les convenció: se reclamaría sobre el 25% del coste, más intereses. Realmente era mucho dinero.
Tuvieron que contratar a un procurador. Luego vinieron las traducciones al alemán de toda la documentación. Todo era echarle dinero al asunto, y sin respuesta de los infractores. Empezaban a salir las primeras sentencias en Murcia, Zaragoza, Alemania, la mayoría desestimando las reclamaciones. Sin embargo, la del letrado Esteban iba a ser la primera que sentara un precedente en toda España.
Se preparó ese primer juicio durante 15 días, recopilando manuales y jurisprudencia, contrastando opiniones y teniendo reuniones con letrados del sector. El día del juicio, la sala parecía el camarote de los hermanos Marx. Una pequeña sala donde, además del Magistrado y los letrados, estaban los peritos y los invitados de los despachos de la región que se habían enterado del evento. Tuvieron que dispensar a los procuradores para que hubiera más espacio. Aún no había llegado el Covid. Los infractores llevaban dos letrados, mostrando su poderío. El juicio duró tres horas con un receso.
Mereció la pena, pues la sentencia, de muchos folios, estimaba la demanda, aunque dejaba muy mal al perito en su informe y reducía la indemnización considerablemente. Los perdedores recurrieron y, en su día, la audiencia les dio la razón. Esteban elevó su recurso al Supremo, y llegó el día en que tuvo que defenderlo en persona, algo novedoso a su edad, y retransmitido a todo el mundo. Se lo preparó a conciencia para su defensa en Madrid. Se hizo justicia y, seis años después, les daban la razón en un proceso que se llegó a llamar “David contra Goliat”. Era una felicidad máxima.
A la defensa en el Supremo le acompañó su hijo Javier, letrado y su sucesor en el despacho. Para Esteban, fue un orgullo inmenso que su hijo, tan joven, ya hubiese pisado el Supremo. Algo estaba empezando a cambiar. La primera sentencia que sentó precedente en toda España había sido la suya, algo que siempre recordaría el magistrado en sus ponencias.
Javier estaba profundamente emocionado y orgulloso de acompañar a su padre en ese juicio histórico. Para él, era una oportunidad única no solo de aprender de primera mano, sino también de demostrar su valía en un escenario tan importante. Sentía una mezcla de nervios y entusiasmo, consciente de la responsabilidad que conllevaba estar al lado de su padre en un caso tan significativo.
Ver a su padre defender el caso con tanta pasión y determinación le inspiró enormemente. Javier sabía que este momento marcaría un antes y un después en su carrera y en la historia del despacho familiar. Además, el hecho de que el caso se conociera como “David contra Goliat” le daba un sentido de justicia y lucha por lo correcto, algo que siempre había admirado en su padre.
Para Javier, estar en el Supremo a una edad tan joven y en un caso de tal magnitud era un honor y una señal de que algo estaba cambiando en el mundo legal. Este juicio no solo fortaleció su relación con su padre, sino que también le dio la confianza y la motivación para seguir adelante y dejar su propia huella en el mundo del derecho.
Desde que Javier era pequeño, siempre admiró a su padre, Esteban. Creció viendo cómo su padre dedicaba largas horas al estudio y la preparación de casos, siempre con una pasión y un compromiso inquebrantables. Esteban, por su parte, siempre intentó inculcar en su hijo los valores de la justicia, la honestidad y el trabajo duro.
A medida que Javier crecía, su interés por el derecho se fue consolidando. Esteban se convirtió en su mentor, enseñándole no solo los aspectos técnicos de la profesión, sino también la importancia de la ética y la empatía en el ejercicio del derecho. Pasaban horas discutiendo casos, estrategias legales y las implicaciones de las decisiones judiciales. Estas conversaciones no solo fortalecieron su vínculo, sino que también prepararon a Javier para los desafíos que enfrentaría en su carrera.
Cuando llegó el momento del juicio histórico en el Supremo, Esteban sintió una mezcla de orgullo y responsabilidad. Sabía que este caso no solo era crucial para su carrera, sino también una oportunidad para mostrarle a Javier el verdadero significado de luchar por la justicia. Javier, por su parte, estaba emocionado y nervioso. Sabía que acompañar a su padre en este momento tan importante era un honor y una gran responsabilidad.
Durante el juicio, Esteban y Javier trabajaron codo a codo. Esteban se aseguró de que Javier estuviera involucrado en cada paso del proceso, desde la preparación de los argumentos hasta la presentación en la sala. Ver a su hijo desenvolverse con confianza y profesionalismo en el Supremo fue uno de los momentos más orgullosos de su vida.
Después de la victoria, Esteban y Javier compartieron un momento de reflexión y celebración. Para Esteban, no solo se había hecho justicia en un caso importante, sino que también había visto a su hijo dar un paso significativo en su carrera. Para Javier, la experiencia fue una confirmación de su vocación y un recordatorio de la importancia de los valores que su padre le había inculcado.
Padre e hijo se abrazaron, conscientes de que habían logrado algo extraordinario. Para Esteban, fue la culminación de una carrera dedicada a la justicia. Para Javier, fue el comienzo de una prometedora carrera, marcada por un triunfo histórico junto a su padre.
La relación entre Esteban y Javier se fortaleció aún más después de este caso. Continuaron trabajando juntos, con Javier asumiendo cada vez más responsabilidades en el despacho. Esteban sabía que, con su hijo al frente, el legado de justicia y compromiso que había construido estaba en buenas manos.

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