El Día Más Negro de Octubre


 

Esa mañana en los Juzgados de Torrent se presentaba sombría y cargada de tensión. Un juicio sobre desahucio y rentas de un piso de alquiler estaba programado, y todo parecía estar en su lugar. Con el paraguas en la mano y el paso acelerado, la mente no dejaba de repasar la estrategia a seguir, las excepciones y las preguntas que debía formular. Me dirigía a recoger la toga, mientras la lluvia caía incesante, reflejando el estado de ánimo del día.

Al llegar al juzgado, casi todas las partes estaban presentes, excepto nuestra clienta, María. Ella se encontraba perdida entre las distintas sedes del juzgado, repartidas por toda la plaza. La confusión era palpable, pero finalmente logramos localizarla. Sin embargo, un nuevo problema surgió: el programa informático del juzgado, recientemente implementado, no funcionaba correctamente y nadie lograba aclararse con él.

Durante el tiempo de espera, recibimos una llamada de María. La testigo que venía de Buñol, Ana, no podría llegar debido a la alerta roja que impedía salir del pueblo. Esta noticia nos obligó a solicitar la suspensión de la vista. Además, la otra parte, representada por Javier, también pidió un aplazamiento debido a que la madre de uno de ellos estaba al borde de la muerte.

Después de una larga espera y de intentar que el sistema informático funcionara, logramos aplazar la vista para el mes de abril, la fecha libre más cercana. Aunque todo se hizo correctamente, el día dejó una sensación de frustración y agotamiento. Fue, sin duda, un día negro de octubre, marcado por la incertidumbre y los imprevistos, pero también por la resiliencia y la capacidad de adaptación ante las adversidades.

Mientras tanto, en el IES, el director, Carlos, enfrentaba un martes lleno de tareas tensas, como casi siempre. No pudo atender con el ánimo deseado a sus alumnos, a quienes cariñosamente llamaba "los cracks". Estos le habían traído unas galletas recién horneadas, pero Carlos, abrumado por sus responsabilidades, no pudo apreciarlas en ese momento. Más tarde, en la siguiente clase, les pidió disculpas y les felicitó por lo deliciosas que estaban las galletas.

La mañana continuó su curso, y a las 14 horas llegó un aviso del ayuntamiento: a las 15 horas se suspenderían las actividades lectivas debido a la alerta roja. Carlos y su equipo dieron aviso a todos los miembros de la comunidad educativa y ordenaron cerrar el IES a las 15 horas. La jornada, ya complicada, se tornó aún más desafiante, pero todos actuaron con rapidez y responsabilidad para garantizar la seguridad de los estudiantes y el personal.

Durante la hora de la comida, la televisión informaba sobre las enormes lluvias que habían anegado el pueblo de L'Alcúdia. Un conductor estaba desaparecido debido al desbordamiento del río Magro. Aunque en Xirivella no llovía, pensamos que la nube se había desplazado hacia el sur. Sin embargo, en el interior también había llovido mucho, aunque no se mostraron más imágenes. El cielo gris oscuro, aunque sin lluvia, añadía un tono trágico a la ya tensa jornada.

En medio de esta situación, apareció Laura, una joven abogada recién incorporada al despacho. Laura, con su energía y optimismo, se ofreció a ayudar a coordinar la comunicación entre las partes y el juzgado. Su habilidad para manejar la tecnología resultó crucial para intentar resolver los problemas informáticos. Además, su presencia calmó a María, quien estaba visiblemente nerviosa. Laura también se encargó de contactar con Ana para asegurarse de que estuviera a salvo en Buñol.

Gracias a la intervención de Laura, logramos mantener la calma y gestionar la situación de la mejor manera posible. Aunque el día seguía siendo complicado, su ayuda fue un rayo de luz en medio de la tormenta.

A las 17 horas, con el cielo aún oscuro pero sin lluvia, fuimos a recoger a Manuel de su sesión habitual de diálisis. Habiendo visto las inundaciones del río Magro en el sur, fuimos directos a casa. Sin embargo, a esa hora recibimos una llamada de Elena, la conserje que llevaba poco tiempo en el cargo. Preguntaba si debía cerrar el IES, ya que estaba sola en el centro. Le dije que no entendía qué hacía allí todavía y que se fuera rápidamente a su casa. Le agradecí por seguir el protocolo, pero le recordé que las clases se habían suspendido a las 15 horas y que era urgente que abandonara el IES. Elena me dio las gracias infinitas y me lo recuerda constantemente. No entiendo cómo nadie en el relevo no le dio la noticia de la alerta roja.

Cuando finalmente me dirigí a mi casa sobre las 18:15 horas, noté que casi no había circulación por la V30, lo que me permitió conducir más rápido. Realmente era el preludio de lo que vendría: en una hora y media, la zona estaría llena de agua, con vehículos flotando sin rumbo, y el nuevo cauce del río casi rebosando. 


No podía creer lo que me llegaba al móvil a las 23 horas desde Xirivella: toda la gente en las calles, con medio metro de agua, sacando los coches de los garajes y poniéndolos lo más alto posible, en aceras, puentes, rotondas, etc. El agua no cesaba de pasar con fuerza, llenando los garajes y los bajos, derribando muros e inundando las naves del polígono industrial. Una jornada muy trágica que tardaremos en olvidar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Ni gitanos, ni murcianos, ni gente de mal vivir": el origen tergiversado de un dicho que aún hiere

HABITACIÓN 312 (PRIMERA PARTE)

Los gráficos del deseo