SU ÙLTIMO VERANO


 Por fin terminaban esos calurosos días de cole, se hacían eternos y más sin aire acondicionado.


Poco y nada se hacía, pues todas las calificaciones estaban cerradas, era pasar el rato...

Todos estábamos ya planificando la salidas a la playa, a bailar a las disco, comprando ropa nueva, bikinis diminutos y coloridos para nuestro verano.

El último día y habiendo aprobado todas las materias, dimos rienda suelta a nuestra alegría, nos lanzábamos agua, destrozamos los cuadernos, nos escribimos mensajes de despedida en las ropas , nos lanzamos huevos, harina, parecíamos unos espectros, y qué mas daba, éramos jóvenes.

Ya habíamos celebrado las fiestas de fin de año en familia y comenzaba oficialmente nuestro verano.

Vacaciones con los tíos del norte, las primas del sur, los amigos del centro, faltaba tiempo para tanta diversión.

Comenzamos con los tíos del norte, que es la parte mas bien desértica del país, pero con un inmenso e infinito mar.  El paisaje me deprimía un poco, estaba acostumbrada a ver la inmensa montaña que dominaba la cuenca de Santiago, pero en el norte todo era plano, con poca vegetación y en poco tiempo ya lo habías recorrido todo.

Una tarde decidimos ir a la zona interior, el Valle del Elqui, tan diferente al resto del norte, enclavado en la montaña, sus verdes paisajes no dejan indiferente a nadie, abundan los turistas, y científicos, por sus cielos estrellados y despejados, sus viñedos, la producción de pisco, su flora  y fauna, y como no decirlo, es la cuna de la gran poetisa y premio Nobel Gabriela Mistral.

Nos escapamos hacia el Valle , solos con mis primos, sin permiso de los adultos, pues nosotros nos considerábamos adultos y sin medir las consecuencias; encaminamos nuestros pasos hacia nuestra aventura, tan sólo con ropa delgada y una mochila, pensábamos regresar pronto, sin imaginar la aventura que nos tocaría vivir.

Luego de recorrer todo , bebimos unos ricos jugos de papaya , fruta de la zona, comimos de todo, el dinero se nos había acabado, regresar caminando no era una opción. De pronto se nos acercaron unos turistas españoles, para preguntarnos como llegar a la playa de Coquimbo, le dimos la información a cambio de transporte, nos hicimos buenos amigos, era un matrimonio joven, su hija de nuestra edad y un hermano de la madre de unos 30 años,reíamos, cantábamos , y ellos nos invitaron a comer sushi frente a  la playa.

Eran las 19:54 cuando todo cambió, comenzamos a escuchar un ruido extraño, como de camiones de transporte de materiales, los españoles no entendían nada, pues ellos jamás sintieron algo así, comenzó a moverse la tierra con furia, no lográbamos mantenernos de pie, era una pesadilla, el ruido intenso y ese pesado movimiento que por momentos nos impedía estar de pie, fueron interminables 3 minutos, nos sentíamos aterrados , les gritábamos a los españoles que corrieran, que nos siguieran o no se salvarían, sólo el matrimonio y su hija nos siguieron, pues el otro no tuvo tiempo de escapar y fue aplastado por una muralla.  Corrimos sin parar , todo era caos, llegamos a la zona de protección y con horror vimos como gigantescas olas arrasaban con todo, el restaurant que poco antes fue nuestro lugar de diversión, se llevó autos, y personas, logramos salvarnos, continuamos juntos, al cabo de dos días, volvimos a reunirnos con nuestras familias y que luego pasaron a ser familia de los españoles que se quedaron con nosotros el resto del verano.

Nuestros padres, decidieron regresar a la ciudad, para ver como estaban nuestras casas.  Llegamos de madrugada, todo estaba bien, menos nosotros que no nos recuperábamos de la pesadilla vivida.

Mi padre era un hombre alegre, y no daba espacio para que nos sintiéramos asustados o tristes y menos con tan ilustres visitantes.  Nos calmó e invitó a descansar para reponer energías , decía que la vida continuaba, que todo tenía su tiempo y que nuestro país era así.

Al día siguiente, todo estaba calmo en nuestro hogar, mi padre preparó comidas típicas y planificamos una salida a la montaña, para intentar olvidar la experiencia vivida.

Subimos y subimos por esos caminos sinuosos, llenos de curvas, verde por todos lados y un aire que nos hacía volar.

Nos detuvimos en el camino para mirar de cerca el gran río Maipo que baja desde las altas montañas, estaban maravillados con tan majestuoso paisaje.

Paco , era el más curioso, terminó colgado de unas ramas intentando bajar por un paso prohibido, por una parte le agarraba de sus manos para que no cayera y del otro lado un caballo que le tiraba de sus pantalones , reíamos sin parar , hasta que finalmente subió con parte de su pantalón puesto y la otra a rastras, menudo susto.

Ana, su esposa, le reprendió y le dijo que esperaba que no se repetiera que ya tenían bastante con lo ocurrido.

Por supuesto, yo me encargué de Paloma, era preciosa, de mi edad, era mas bien callada, su tez blanca, una larga cabellera rubia, y unos dulces ojos verdes que me enamoraron.

Luego de esta aventura, retomamos el recorrido , continuábamos ascendiendo, pero esta vez Paloma y yo , nos sentamos atrás, nos miramos a los ojos y ella suavemente tomó mi mano, así estuvimos el resto del camino.

Próxima parada, un hermoso hotel en medio de la montaña, con piscina, la que nos resultaba una bendición para ese caluroso verano y mucho más ahí, canchas de tenis, quinchos para realizar barbacoas, todo para divertirnos.



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